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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Volver a Jordi Pujol?

Junts seguirá -como siempre- siendo Puigdemont, pero ahora quiere abrazar la centralidad de la antigua CDC para su objetivo prioritario: recuperar la Generalitat

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La candidatura la dirección de Junts per Catalunya liderada por Carles Puigdemont y Jordi Turull

La candidatura la dirección de Junts per Catalunya liderada por Carles Puigdemont y Jordi Turull

Junts es Junts, pero es también la heredera de CDC. Ahí está la presencia de Artur Mas en el congreso del domingo. Y pese a sus grandes contorsiones, muchos electores de CiU siguen votándolo. Ahí están Trias y otros resultados. Además, Junts es el segundo partido catalán y con sus 35 diputados el primer grupo de oposición a Salvador Illa. Y aunque su poder en Catalunya es limitado, Diputació de Girona y San Cugat, tiene 7 diputados en Madrid que -por carambola- son decisivos. Junts cuenta.

¿Qué pensar de su congreso? Puigdemont mandaba sin tener ningún cargo y ahora será presidente y seguirá mandando. Ha hecho aprobar, en lista cerrada, a los 30 miembros de la dirección. Y a su cúpula. Laura Borràs, que era presidenta y pintaba poco, ahora pintará aún menos, pero estará. Jordi Turull ya era secretario general y seguirá. Y Giró era minoría -desde que se opuso a romper el Govern con ERC- pero seguirá estando en la dirección. Y en minoría.

La aplicación de la amnistía -que el Supremo quiere impedir- es clave para que Puigdemont haga política sin problemas. Por tanto, que Sánchez siga. Como mínimo hasta entonces. Pocos cambios pues. Y cuando Puigdemont dice “tenemos que salir de nuestros cuarteles de invierno”, hace sonreír. ¡Vaya cuarteles de invierno! La presidencia Torra y medio Govern Aragonès. Hasta que Waterloo se cansó.

Pero sí, también hay indicios de cambio. Cuando Puigdemont dice: “no podemos caer en el error de no reconocer que estamos en una nueva etapa política, que el independentismo está más dividido que nunca, no tenemos mayoría en el Parlament, el Govern es el más españolista de la historia y hay un monopolio asfixiante de un solo partido (¿el PSC?) en todas las instituciones”, está admitiendo y -más relevante- diciendo a los suyos que, leyendas aparte, 2017 fue un fracaso. Y que ahora se trata de recuperar la Generalitat volviendo a “la centralidad”, un concepto que gustaba a Jordi Pujol y que debe implicar muchas cosas. Entre ellas, dejar de ser -aunque sin abjurar- el independentismo maximalista. Nuevo.

Ahora hay que disputar la centralidad a Illa, que cabalga sobre el tarradellismo (instituciones e invocación a la unidad catalana) y también cierto pujolismo. Un president superactivo, con un sólido partido detrás. Illa es socialdemócrata (centralidad), pero, al contrario que Pujol, no tiene detrás una mayoría absoluta. Su punto débil.

Por eso Turull enfoca la inmigración con mucha cautela. Y no quiere que Illa se quede solo con el discurso de la seguridad y contra la multirreincidencia. O pinta un cuadro exagerado del drama de la vivienda, cuando dice -no sin cierta razón- que algunos parecen preferir “que los jóvenes sean okupas antes que inquilinos o propietarios”. Y cuando afirma que no conviene pasarse con los impuestos, sabe que cierta fiscalidad enerva a muchas clases medias que Junts quiere representar.

Junts disputa la centralidad a Salvador Illa, desbordándole con dosis de centro-derecha. Aquello de “con todos por la independencia” -Artur Mas abrazándose a las CUP-, ya no es el futuro. Y, cierto, en Perpinyà (Francia, pero también la Catalunya Nord), Marine Le Pen tiene una alcaldía que durante muchos años fue socialista y luego gaullista. ¿Frenar a Orriols?

Y Antoni Castellà, antiguo socio-opositor de Duren Lleida en Unió Democrática, es uno de los cuatro vicepresidentes. Y en la antigua Unió reconocen a Castellà preparación y profesionalidad. ¿Otro guiño a la centralidad? Un gran experto del terreno me dice que Castellà es la estrella ascendente y coordinará los grupos parlamentarios de Madrid y Catalunya. Pero, otro, resabiado, asegura lo contrario: Junts es y seguirá siendo una monarquía.

Puigdemont era un hijo algo descarriado de Pujol. Ahora está de vuelta. Cree que el padre tenía razón en dos cosas. En una, mandar sin complejos, él ya la practica desde siempre. Desde la alcaldía de Girona. En la otra, no apostar demasiado por los grandes sueños (excepto para cierta propaganda) y saber “ocupar, ocupar y ocupar” la centralidad, es un gran neófito. Ahora lo probará. Compitiendo con Illa y ninguneando a ERC (por falta de “seny”) y al PPC (por españolista). ¿La Catalunya del corazón a la izquierda y la cartera cerca de la derecha?

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