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Opinión | Acoso sexual
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Errejón o la instrumentalización del feminismo

El machismo y las violencias son una cuestión transversal. Podemos encontrar hombres acosadores y violentos en todos los partidos políticos

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Como mujer feminista y de izquierdas me siento triste y decepcionada, pero sobre todo indignada y muy enfadada. El caso Errejón ha vuelto a poner sobre la mesa algo que ya sabemos: que el machismo y las violencias son una cuestión transversal. Que podemos encontrar hombres acosadores y violentos en todos los partidos políticos. Algo inaceptable a día de hoy. Habrá muchas compañeras analizando el caso y solo quiero aquí aportar algo más a todo el trabajo hecho para sacarlo a la luz (gracias Cristina Fallarás) y todo lo que acontecerá. Me duele especialmente lo que percibo como la instrumentalización del feminismo como propuesta política por parte de alguien (lamentablemente, no ha sido el único ni mucho menos) que ha pretendido erigirse en aliado del feminismo y lo ha utilizado para ganar votos y posicionarse. Las mujeres públicas y privadas que cada día trabajamos para aportar algo a la transformación feminista del mundo y de las vidas no necesitamos partidos o personas en partidos que lean el feminismo como un 'filón' para conseguir votos.

Errejón, desde su posición privilegiada, ha pretendido dar lecciones políticas a mujeres y hombres a menudo menos privilegiados que él, que han creído que otra organización social era posible, una nueva forma de vivir en sociedad que implica a mujeres y también a hombres plantearse cambios y revisiones profundas sobre nuestras prácticas vitales. Reconocer errores, perder privilegios, perder protagonismo y un largo etcétera. Y es algo muy serio. Implica una posición de responsabilidad ante la ciudadanía. Porque sabemos que aquellos hombres que tienen poder son los que deben tomar conciencia de que lo tienen y para qué lo usan. Promover una política feminista implica pues coherencia. Y sí, soy de las que pienso que la coherencia es exigible. No podemos decir -como ha apuntado en su comunicado de dimisión- que es la primera línea política la que le ha llevado a "emanciparse de los cuidados y la empatía". Estamos hablando de acoso y -veremos si también violencia-. Hay que reconocerlo, disculparse y solo a partir de ahí quizás puede empezar una reparación. No podemos utilizar el privilegio de la capacidad oratoria para pervertir las palabras, los significados. Venías a la primera línea política a plantear una forma distinta de hacer política, ¿no? ¿O no era eso al final?

Como sabemos, 'lo personal es político' y, por consiguiente, te definen más tus prácticas que tus palabras. Habrá que esclarecer en los próximos días cuánto de 'el fin justifica los medios' había en su formación política, pero nos hace mucho daño a las izquierdas que los hombres que se identifiquen con estos supuestos políticos menosprecien la importancia de la coherencia feminista.

Una reflexión final, en mi experiencia personal -que no tiene más valor que ser la mía, a lo largo de mis 53 años- los hombres con prácticas vitales feministas y -salvo honrosas excepciones- no son visibles en el ámbito público. ¿Será casualidad? No creo.

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