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Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE

Albert Soler

Albert Soler

Periodista

Julian Assange, el tipo que ejerció de periodista

Se comprende la tristeza de quienes, como Puigdemont, Comín y otros mártires del 'procés' catalán, ven cómo Estrasburgo, tan comprensivo en otros casos, a ellos les da con la puerta en las narices

Julian Assange.

Julian Assange. / EPE

El Consejo de Europa ha reconocido hace unas semanas a Julian Assange como preso político, y dicen que eso es bueno. Será. Ignoro si a alguien que ha estado encerrado doce años le consuela algo saber que lo fue por motivos políticos, aunque por los gestos de alegría del antaño rubio y ahora canoso periodista, se diría que sí. Personalmente, yo preferiría purgar pena por haber atracado una sucursal bancaria o por haber defraudado a Hacienda que por cualquier motivo político, si tengo que ir a la cárcel, que sea por un motivo real y del que mi familia se pueda enorgullecer. A mí me dicen que he estado encerrado durante años por "motivos políticos", que equivale a haberlo estado porque a alguien le ha dado la gana, y me entra la depresión post cárcel, que es como la post parto, pero sin bebé. Ser preso político tiene utilidad solamente si gracias a ello le sacan a uno de prisión, pero para que te lo digan a toro pasado, mejor no saberlo.

Assange, en cambio, se mostró feliz en Estrasburgo, hablando ante el Consejo de Europa, en su primera declaración desde que recuperó la libertad, en junio. Europa no sirve para mucho, más bien -seamos francos- para casi nada, pero en lo que respecta a realizar brindis al sol, es única. Nadie espera que Europa adopte decisiones efectivas, ni que apruebe nada medianamente comprometido, pero es la mejor en lo que respecta a quedar bien cuando ya no importa. Le gusta tanto eso de quedar bien con todo el mundo, que lo raro es lo contrario.

Por ello, se comprende la tristeza y el desencanto de quienes, como Puigdemont, Comín y otros mártires del procés catalán, ven una y otra vez como ese mismo Estrasburgo, tan comprensivo en otros casos, a ellos les da con la puerta en las narices ante cada petición. Los procesistas catalanes pagarían lo que fuera para ser considerados por Europa no ya presos políticos, sino simplemente políticos, en lugar de unos pelmazos que molestan con sus tonterías, que es lo que son considerados hasta el momento. Con "pagar lo que sea" me refiero no a su dinero, eso jamás, sino al que usan a conveniencia donado por los pocos fieles que siguen creyendo en ellos.

Entre los años encerrado en la embajada de Ecuador y los pasados en la cárcel inglesa, Assange se ha tirado 12 años privado de libertad, y puede dar gracias a que no fue extraditado a Estados Unidos cuando así lo reclamaba la justicia de aquel país, o estaría todavía a la sombra. Su delito fue revelar documentos secretos sobre las actuaciones de EEUU en Irak y Afganistán. Su delito, por tanto, fue ejercer de periodista, pues desde Orwell sabemos que periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, lo demás son relaciones públicas. Si Assange hubiera sido un buen relaciones públicas se habría ahorrado problemas, pero optó por el periodismo.

Sea como sea, Julian Assange es ya un preso político con todas las de la ley, lo cual, ya que no le ha servido para librarse de la cárcel, por lo menos le concede cierto status, y ahora podrá ganarse la vida dando charlas y pronunciando conferencias por todo el orbe. En España, a falta de presos políticos -con lo que visten- tuvimos que conformarnos con los antes mencionados líderes del procés, que así se consideraban a sí mismos cuando estaban en la trena, y eso que fueron condenados por delitos nada políticos, claramente tipificados en el Código Penal.

Las diferencias entre los nuestros y Assange saltan a la vista, no solo porque éste fue perseguido por ejercer de periodista, sino porque ha sufrido auténticas privaciones y amenazas. Por su parte, lo más duro que vivieron los presos del procés fue denunciar -a punto estuvieron de dirigirse al Tribunal de Derechos Humanos- que la comida de la cárcel les provocaba flatulencias, lo cual, más que un peligro para ellos, lo sería para sus pobres e indefensos compañeros de celda, a quienes nadie había advertido de una guerra biológica procedente de Cataluña.

Cuando las barbas de Assange veas pelar, pon las tuyas a remojar. Con un poco de suerte pronto tendremos en España periodistas que se pudran en la sombra por ejercer su oficio, ya va siendo hora de que nos igualemos a las grandes potencias. Si no puede ser por avances tecnológicos ni económicos, que sea por amordazar a la prensa, Código Penal en mano. El Plan de acción por la democracia -el nombre es tan bonito que dan ganas de suscribirse al plan- planteado por el gobierno español, pretende perseguir la desinformación, y ya se sabe que cuando un gobierno legisla contra la desinformación, en realidad está legislando contra la información. La que le perjudica, por supuesto. Y si no, pregunten a Assange.