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Opinión | Políticas públicas
Ester Oliveras

Ester Oliveras

Economista. Profesora en la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

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La crisis de la vivienda: un reto europeo

Destinar más renta a los gastos del hogar deja menos disponible para bienes de consumo lo cual, de rebote, acaba repercutiendo en otros sectores económicos

Las prioridades de Von der Leyen: Desde un plan europeo de vivienda asequible hasta 30.000 guardias de fronteras

Barcelona rehabilitará tres bloques de pisos de alquiler social a través de dos fundaciones

Cartel de alquiler de vivienda en un edificio de la Gran Via de Barcelona

Cartel de alquiler de vivienda en un edificio de la Gran Via de Barcelona / ANGEL DE CASTRO

El crecimiento de la población y su preferencia por vivir en ciudades son dos macrotendencias mundiales reconocidas desde hace décadas. De hecho, ya en 2015, Naciones Unidas estimó que en 2050 dos tercios de la población mundial viviría en ciudades. Y ahora se empieza a sufrir uno de sus efectos: la crisis de la vivienda. A pesar de que no es ningún consuelo, es un problema que no solo afecta a nuestro país. Hace unas semanas, en la reelección de Von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea, ella misma reconocía la necesidad de tener políticas específicas para corregirlo.

Las consecuencias sociales y económicas de la dificultad de acceso a alquileres asequibles fueron puestas de manifiesto en un informe del Consejo Económico y Social. Por la vertiente social, el incremento del sinhogarismo entre la población vulnerable y, para los jóvenes –uno de los grandes colectivos afectados–, la dificultad para emanciparse e iniciar un proyecto vital propio, con el consiguiente descenso de natalidad. Una cifra que ya está en mínimos históricos.

En cuanto a la vertiente económica, destinar más renta a la vivienda deja menos renta disponible para bienes de consumo lo cual, de rebote, acaba repercutiendo también en otros sectores económicos. De hecho, el Banco de España apuntaba recientemente a cierta debilidad en el consumo medio por hogar, que para algunos grupos todavía no ha recuperado los niveles prepandemia. Por poner algunos datos sobre la renta destinada al alquiler, la media europea se situó en el 20% (datos de 2022), pero para personas vulnerables esta cifra casi se duplica. En cambio, la situación en Catalunya es más preocupante: el porcentaje de renta dedicado al alquiler es del 58% (datos de 2023). A pesar de que es cierto que hay grandes variaciones en función de la zona geográfica, siendo Barcelona la ciudad más cara, es difícil encontrar ciudades donde la media esté por debajo del 20% europeo. También en el ámbito económico, la dificultad para encontrar vivienda asequible desincentiva la movilidad geográfica de la población en edad laboral, y esto acaba perjudicando el acceso al talento por parte de las empresas; esta es una problemática que también va al alza. Ahora mismo, quien tiene un piso, tiene un tesoro.

Que el problema de la vivienda se eleve a nivel europeo tiene el potencial de beneficiarnos. Aparte de las medidas que se adopten, puede ayudar a distinguir entre aquellas políticas que pueden funcionar de las que no. Es cierto que la situación de nuestro país es más aguda, debido al incremento de la demanda que se ha producido de la vivienda de alquiler respecto a la de compra, a la poca vivienda social –un tercio por debajo de la media europea– y a la presión turística (a pesar de que, dada la dimensión del problema, el porcentaje de pisos dedicados al turismo es muy pequeño).

La principal medida europea pasa por crear un nuevo comisionado que vele por este tema y, a efectos prácticos, se propone sobre todo facilitar a los estados miembros el aumento de la oferta de viviendas, tanto con inversión pública como privada. Pero poniendo más énfasis en la construcción de vivienda social con dinero público. En esta línea de actuación, en algunos puntos de Barcelona ya se empieza a ver la construcción de pisos destinados al alquiler social. Uno de estos edificios está en Poblenou, un barrio barcelonés que cambia a un ritmo difícil de digerir por el vecindario, y que todavía tiene suficiente espacio para más construcción junto a hoteles de cuatro estrellas, cafeterías de lujo y guarderías en inglés para los expatriados.

Dicho esto, me parece preocupante que el supuesto aumento de la actividad constructora todavía no se esté reflejando en las estadísticas. Al menos, según la encuesta de evolución trimestral del Banco de España, que indica una reducción de los márgenes y también de la inversión. Además, el 54% de las empresas de la construcción tienen dificultades para encontrar mano de obra, pese a la mejora salarial que se ha producido en los últimos años. Por suerte, la percepción del sector es que, en el cuarto trimestre, esta situación mejorará. Pero lo que necesitamos constatar, no con percepciones, sino con datos reales, es la existencia de un sector suficientemente provechoso para que sea activo y que experimente un crecimiento sostenido los próximos trimestres y años, ya sea con la construcción de nuevas viviendas o acabando los edificios fantasma de la pasada crisis financiera.

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