Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Ágora
Cristina Maragall

Cristina Maragall

Cristina Maragall es presidenta de la Fundación Pasqual Maragall

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Pasqual Maragall y 'El 47'

Hoy, en España, hay más de 900.000 personas que viven impactadas por el alzhéimer, y sabemos que esta cifra se duplicará en los próximos 20 años si no lo paramos con más investigación y promoviendo un cambio social para combatirla

El 'expresident' de la Generalitat y exalcalde de Barcelona Pasqual Maragall.

El 'expresident' de la Generalitat y exalcalde de Barcelona Pasqual Maragall. / Agustí Carbonell

Hace unos días se estrenó la película 'El 47'. Se trata de un relato emocionante del barrio de Torre Baró de Barcelona, que forma parte de la historia de la ciudad y de las personas inmigrantes que llegaron en los años 50-60. La película reivindica la trascendencia de unas vidas poco conocidas que ayudaron a hacer crecer la ciudad, a mejorar el país entero, personas que tienen nombres y apellidos, como el de Manolo Vital y su mujer, Carmen Vila. A pesar de que el personaje de un joven Pasqual Maragall que acompaña a Manolo Vital en esta aventura forma parte de la ficción -esta es la magia del cine-, sí que es cierto que el Pasqual Maragall alcalde fue a vivir en casa de Manolo durante unos días a finales de los años 80 y que mantuvieron una buena relación.

Manolo y Pascual eran dos personalidades singulares. Sabían lo que querían y sabían cómo animar a su entorno para conseguirlo. En esto eran muy parecidos y a partir de aquí tejieron una complicidad duradera. Durante una temporada mi padre vivió en unos veinte barrios porque no quería perder el latido de sus calles y de las personas que vivían, quería seguir conectado a sus vidas y en su realidad. Mi padre consideraba que solo así podía ser un buen alcalde, a la altura de sus conciudadanos. Esta película es un reconocimiento a las personas con nombres y apellidos que nos preceden y que han hecho posible lo que somos.

El mes de septiembre, coincidiendo con el Día Mundial del Alzhéimer, el 21 de septiembre, también es el mes en el que reclamamos más visibilidad para esta enfermedad que, solo en España, acompaña a casi un millón de familias en su día a día y condiciona sus vidas. En la Fundació Pasqual Maragall este año queremos recordar la identidad de aquellos que viven con alzhéimer, personas con nombres y apellidos, que se encuentran entre nosotros escondidas detrás un montón de cifras de prevalencia y estadísticas, son también vidas trascendentes que no podemos olvidar. Con el lema 'El alzhéimer tiene nombres y apellido', este año ponemos el foco en estas personas, y también en todas aquellas que quieran sumarse al proyecto de la fundación. Celebro especialmente esta campaña por el hecho de centrarse en la importancia de trabajar en equipo, para las personas y con las personas.

Desde la Fundació Pasqual Maragall tenemos la ambición de continuar investigando para conseguir un cambio vital, convencidos de nuestra obligación de promover una ciencia puntera para conseguir un mundo sin alzhéimer. Hoy, en España, hay más de 900.000 personas que viven impactadas por esta enfermedad, y sabemos que esta cifra se duplicará en los próximos 20 años si no lo paramos con más investigación y promoviendo un cambio social para combatirla. Esto lo podemos hacer gracias a la generosidad de una base social de 88.000 personas, que crece día a día, y a la solidaridad de 3.000 participantes en los estudios, que permite a los investigadores seguir trabajando. El compromiso de estas personas es un ejemplo que demuestra una vez más la importancia del trabajo colectivo, y nos recuerda cada día nuestro compromiso y responsabilidad hacia todas ellas.

Tal como nos enseñaron Manolo y Pasqual, para conseguir grandes cambios nos hace falta motivación, conocimiento, estrategia y trabajo en equipo. Es así como se producen los cambios importantes, en el ámbito social y también en el científico. Es importante que no lo olvidemos, solo así seremos dignos de seguir trabajando bajo la estrella del legado de mi padre.

Te invito a formar parte de este cambio. Haz que tu nombre y apellido también cuenten. Y que no perdamos nunca su latido, ¡por favor!