
Periodista.
¡Pim, pam, pum! ¡Trump!
¿Existe la vida real o se trata de una proyección de los medidores de audiencia y los gestores de contenidos para proporcionar a un público que ha perdido el sentido de la historia y la capacidad de influir en ella dosis insospechadas de entretenimiento?
Trump, a salvo tras otro aparente intento de asesinato
Quién es Ryan Wesley Routh, sospechoso detenido en el segundo intento de asesinato contra Trump

Donald Trump / ALEX BRANDON / AP
Política espectáculo. El domingo, al parecer, hubo un nuevo intento de magnicidio en Estados Unidos. Un agente del servicio secreto descubrió el cañón de un arma que sobresalía de una valla que rodea el campo de golf donde Donald Trump practicaba su deporte favorito. Parece una trama que hubiera hecho las delicias del cineasta italiano Michelangeno Antonioni y su 'Blow Up': ampliar la realidad lleva a descubrir lo que no vemos: en un arbusto, en una fotografía, en una mente. Un arma, un cadáver, una sombra que se nos parece y nos aterra.
¿Existe la vida real o se trata de una proyección de los medidores de audiencia y los gestores de contenidos para proporcionar a un público que ha perdido el sentido de la historia y la capacidad de influir en ella dosis insospechadas de entretenimiento? ¿En tiempo real? ¿Cuál es el tiempo real? Las redes sociales han creado una gigantesca telaraña artificial en la que (como en los grandes almacenes y en los casinos más afamados) no hay ventanas para comprobar si es de día o si es de noche, si llueve, nieva o brilla el sol. El tiempo es digital, se mide en cifras que se deshacen y rehacen como esencia de kriptonita, que realza la sensación de irrealidad, de que vivimos un tiempo que en realidad es irrelevante.
El segundo intento de asesinato del candidato Trump en menos de dos meses entra en una nueva lógica contemporánea, tan blanda como un reloj de Dalí metido en una centrifugadora cuántica. Se trata de un episodio que necesita de una categoría política que no sé si en sus febriles intuiciones Guy Debord habría sido capaz de encajar en la visionaria y tristísima sociedad del espectáculo.
¡Pim, pam, pum! La gran tómbola electoral, el viejo circo kafkiano de Oklahoma, se ha trasladado a Palm Beach, a un manicurado campo de golf para que un nuevo peón de novela, que no se sabe si la escribe una inteligencia artificial emancipada o un hijo bastardo de un matrimonio de conveniencia entre Norman Mailer y Tom Wolfe, entrara en la historia. No bastaba con un insólito e imaginativo intento de asesinato desde la rampa de un tejado de Pensilvania el pasado 13 de julio, cuando Thomas Crooks le disparó a Trump y sólo le rozó la oreja. El candidato republicano a volver a ocupar el salón oval de la Casa Blanca iba a ser consagrado en la convención republicana, pero gracias a ese bautismo de sangre fue recibido por sus correligionarios como un nuevo Mesías. Pero las emociones y las fidelidades se gastan demasiado rápido en el zoco de la codicia estratosférica, los bitcóins y el tiempo volátil.
Cultura de la sospecha. Los grandes y pequeños guionistas de Hollywood y el ancho mundo han hecho de la sospecha la verdadera trama de la vida. Nada es lo que parece porque sospechamos que nos mienten para mantenernos entretenidos y maniatados. Si disparan contra Trump es porque las encuestas se le han empezado a torcer, o porque hay un Estado secreto, subterráneo, denunciado por el propio Trump, que en realidad manejan los servicios secretos para evitar que los grandes negocios de la superpotencia, sus aliados, sus multinacionales y sus enemigos puedan seguir alimentando este mundo tal como es. Teorías que florecen como una epidemia en las fértiles praderas de la conspiración. 'Trump en el punto de mira' es un título plausible para la próxima temporada.
Fracaso de la seguridad. ¿Cuál es el montante que Estados Unidos invierte en seguridad cada año? ¿Es decir, en qué medida el complejo militar industrial que denunció Eisenhower se ha multiplicado de forma exponencial y logra siempre persuadir al Congreso para que aceite su propia maquinaria y así mantener su supremacía? El servicio secreto purgó a su jefa por no haber evitado el desastre de Pensilvania, pero ha vuelto a fracasar a la hora de evitar que un francotirador tuviera en el punto de mira a Trump, aunque esta vez no pudo apretar el gatillo y reventarle la otra oreja. El fracaso más estrepitoso del historial securitario estadounidense se vivió el 11-S. La falta de comunicación entre la CIA y el FBI a escala nacional (como entre los bomberos y la policía de Nueva York a escala local) hizo posible que Al Qaeda dejara en evidencia de forma atroz al mayor aparato de espionaje mundial: con aviones comerciales secuestrados con cortadores de cartón, también llamados cuters en los grandes almacenes del 'hágalo usted mismo'.
Cambiar el curso de las cosas a golpe de acontecimiento, en tramas nuevas no gastadas por la realidad. Kamala Harris se reveló un animal político más temible de lo que pensaban sus correligionarios y los columnistas de la influyente prensa liberal que apoyan al Partido Demócrata frente a un Partido Republicano echado al monte. Trump, empeñado en negar la realidad de las encuestas y la realidad de la realidad, dijo que había ganado el debate, pero que no quería volver a debatir con ella. Con el viento de cola, la exfiscal californiana de origen multicultural, primera mujer con posibilidades reales de llegar a la cima del poder en Washington, se había convertido en una candidata más correosa y difícil de doblegar que el titubeante Joe Biden. Con este nuevo remonte de la montaña rusa electoral, ¿qué podemos esperar?
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