Independentismo y antipolítica

Lluís Llach, presidente de la ANC, durante la entrevista / FERRAN NADEU
Siento un gran respeto por Lluís Llach como músico. Y como activista contra la dictadura. En democracia se definió como anarconacionalista y aún recuerdo una entrevista suya en la portada de EL PERIÓDICO en una jornada de reflexión movilizando a los electores contra Pujol. No entiendo por qué tendemos a considerar más relevantes las opiniones políticas de los músicos que las de los arquitectos o los médicos. De hecho hay artistas que si mantienen una mínima cuota de pantalla es por sus opiniones políticas y no por su arte. Tras retirarse de los escenarios, Llach pasó por el Parlament como diputado de Junts pel Sí y ahora ha reaparecido como presidente de la desnortada ANC. En sus intervenciones de la Diada se ha despachado a gusto contra los líderes independentistas, a los que ha pedido que se retiren, y también contra el presidente de la Generalitat al que ha llamado "parafascista". Todo su discurso, que incluye también aceptar a disgusto la presencia de Sílvia Orriols en la manifestación de la Diada, rezuma un aire de antipolítica. El mantra que ahora hay instalado en ese mundo es que la independencia no se consiguió por una mezcla de falta de pericia y de coraje de los dirigentes. Lo peor de un fracaso es no analizar correctamente sus causas. El independentismo no ha sacado adelante su proyecto porque no ha contado con una mayoría social arrolladora, porque ha menospreciado la fortaleza de España, porque no calculó la reacción de las instituciones europeas, porque no explicó que era un proyecto que tenía también inconvenientes, porque forzó las costuras de las instituciones, porque despreció a los catalanes que no les secundaban y porque quiso hacer las cosas deprisa y corriendo, haciendo las mismas trampas que denunciaba. En ese panorama, el coraje de los líderes no pudo con todo y mandarlos a la papelera de la historia desde la antipolítica es bastante cínico desde la posición del cantautor jubilado. Algunos lo han pagado con la cárcel o con la separación de sus familias. Seguramente, los partidos acabarán cambiando de dirigentes porque se les han acabado las ideas y la credibilidad, pero los problemas del independentismo persistirán, empezando porque Llach lo presida.
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