El pie cambiado de Biden

El presidente de EEUU, Joe Biden, durante los actos del 4 de Julio en la Casa Blanca, este jueves. / TIERNEY L. CROSS / POOL / EFE
Estados Unidos vive una de las campañas electorales más accidentadas e insólitas de la historia reciente, por la que el actual presidente Joe Biden transita con el pie cambiado. Perdedor en las encuestas, cuestionado por su capacidad mental tras el pobre desempeño en el primer debate -plagado de olvidos, confusiones y lapsus-, y ahora también descentrado por el tiroteo contra el candidato republicano.
Biden está en una encrucijada de difícil solución, igual que su partido, que ya sabe lo que es equivocarse al elegir a un candidato contra Trump. En 2016, con un país muy dividido, designó a una Hillary Clinton incapaz de movilizar al electorado.
El actual inquilino de la Casa Blanca persiste en su empeño de ser candidato negando incapacidad alguna ni problemas de edad y apelando a la necesidad de acabar el trabajo realizado en el primer mandato. Pero Biden puede tener dificultades si finalmente es el que está en las papeletas del 5 de noviembre, con parte del electorado demócrata descontento con su gestión de los últimos cuatro años y con un ejército creciente de votantes indecisos -como mínimo- tras el viacrucis que ha protagonizado durante las últimas semanas.
El partido, por su parte, encara la campaña partido en dos. Los fieles a Biden admiten debilidades de su líder, pero confían en el equipo que le rodea y que ha estado a su lado en los últimos cuatro años. Enfrente tienen a los que exigen que se retire, pero sin aclarar quién le sucedería. Sería infantil creer que esta última corriente crítica pueda elegir a otro candidato que en un periodo de tiempo tan corto sea capaz de darse a conocer, frenar la ola de descontento entre los votantes y derrotar a un Trump que todo apunta a que se verá favorecido por la violencia política. Aunque quizá la catarsis demócrata, si existiera, sí podría ser un golpe de efecto que contribuyera a romper algo el momentum republicano.
En cualquier caso y aunque cuatro meses den para mucho, conviene resolver la encrucijada cuanto antes. De lo contrario, Trump puede arrasar.
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