Opinión |
Tsunami Democràtic
Pilar Rahola

Pilar Rahola

Periodista y escritora

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Las togas patrióticas

Las derivadas del juez García Castellón se han llevado la medalla de oro a la hora de estresar las herramientas de la justicia para hacer política

Imagen de archivo de unos jueces vestidos con togas.

Imagen de archivo de unos jueces vestidos con togas. / Agustín Catalán

Todo lo que tiene que ver con la justicia y las causas independentistas subsiguientes es un cajón permanente de sorpresas en el que tienen cabida instrucciones delirantes, interpretaciones rebuscadas y todo tipo de imaginario más próximo a la guerra ideológica que a la justicia. El último espectáculo de las togas patrióticas ha sido el 'tour de force' contra el poder político a raíz de la ley de amnistía, la negativa de las cuales a cumplirla tiene aires de golpe de estado encubierto. De hecho, gracias a la lengua deslenguada del juez Aguirre, hemos llegado a sentir un poderoso “a tomar por culo” dirigido al gobierno de Sánchez, precedido de la 'matonería' de asegurar que él solito, con sus imputaciones surrealistas, había hecho tumbar la amnistía y a Sánchez le quedaban tres “telediarios”.

Es el mismo juez que ha construido un relato de conspiradores, soldados rusos y oro de Moscú con barretina, para encontrar el enésimo argumento para meter en la cárcel a Puigdemont y al resto de enemigos de la patria. De nada han servido las explicaciones de Josep Alay, las pruebas, las evidencias, el carácter delirante de las imputaciones; de nada ha servido porque detrás no había una cuestión judicial, sino política. Y, además del argumentario, son tantas las coincidencias de calendario entre las decisiones políticas y las decisiones judiciales, que ni los más acólitos pueden negar el carácter de persecución ideológica que evidencian.

Pero dentro de esta espiral de togas políticas las derivadas del juez García Castellón se han llevado la medalla de oro a la hora de estresar las herramientas de la justicia para hacer política. Su decisión de imputar por terrorismo a Puigdemont, Rovira, Wagensberg y otras personas en una causa que hacía tres años que tenía parada, sin apenas pruebas, y que activó precipitadamente cuando Juntos y el PSOE estaban negociando la amnistía, fue una de las jugadas más groseras que se han hecho, de las muchas que se han perpetrado en la causa contra el independentismo. Más allá de los argumentos que usó para justificar las imputaciones, entre otros “el carisma“ de Puigdemont, y del hecho que convirtió una protesta ciudadana en un acto de terrorismo, banalizando el terrorismo de una manera muy preocupante –“diga lo que diga Suiza”, según respondió a la negativa de las autoridades helvéticas que negaban el terrorismo-, lomás bestia es que lo hizo sin ni siquiera cumplir los tiempos obligados. Y ahora la Audiencia Nacional le acaba de tumbar todas las diligencias que ordenó a partir del 29 de julio de 2021 porque “siguió practicándolas de manera extemporánea” a pesar de saber que el plazo había acabado y no podía hacerlo. Con esta decisión de la Audiencia, que dejaba la causa del Tsunami herida de muerte, solo podía pasar lo q ha pasado: que García Castellón archivara la causa, como así ha sido. Hay que recordar que esta instrucción es aquella donde Castellón llegó a utilizar la noticia de un ciudadano francés que había muerto por un ataque de corazón -y que la justicia había descartado previamente- e hizo investigar un alucinante intento de atacar el rey Felipe con la supuesta complicidad de un mosso d'Esquadra que se llamaría 'Xuxo rondinaire'. Y todo ello, perpetrado por un juez que hace dos años pidió una prórroga extraordinaria de su jubilación para poder continuar instruyendo la causa. Es evidente que ganas no le faltan...

¿Y ahora qué? Es cierto que la 'toga nostra' (para usar el feliz sarcasmo de Puigdemont), siempre se las ingenia para encontrar giros inesperados y reinterpretar la ley, pero también está claro que el golpe de la Audiencia es letal. Si todo va bien, pues, Puigdemont, Rovira y los otros últimamente imputados quedarán libres de la barbaridad del terrorismo, pero ¿quién pasará cuentas por el sufrimiento que han significado estas acusaciones, por la afectación a las personas, por los gastos de dinero público empleado en este delirio? ¿Actuará el diligente tribunal de cuentas contra García Castellón? ¿Entra su actuación en la interpretación de la “malversación” que los mismos del Supremo hacen de este delito penal? Y etcétera. Una frase de final: “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”. Sabiduría talmúdica...