Opinión |
Elecciones francesas
Joan Tapia

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Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Referéndum contra Le Pen

Toda la izquierda y el centro-derecha se han movilizado, unidos por un día, para impedir que el nacional-populismo de extrema derecha conquistara París

Marine Le Pen, el domingo, en el cuartel general de Reagrupamiento Nacional.

Marine Le Pen, el domingo, en el cuartel general de Reagrupamiento Nacional. / ANTONIN BURAT / DPA

Los franceses tienen una extraña relación con el referéndum. En junio del 68 -tras la famosa huelga general de aquel mayo- el presidente De Gaulle logró una muy amplia mayoría absoluta. Pero un año después -tras despedir a su primer ministro Pompidou- convocó un extraño referéndum que perdió y regresó a su refugio de Colombey. Georges Pompidou ganó las siguientes elecciones.

En las europeas del 9 de junio y en la primera vuelta de las legislativas-convocadas por Macron tras su fracaso de las europeas- el Reagrupamiento Nacional (RN) tuvo una gran victoria y la coalición centrista presidencial quedó en tercera posición. Muchos vieron en estas dos elecciones un voto de castigo a Macron. Dos referéndum contra un presidente reelegido en 2022 pero que sin mayoría parlamentaria -y contra los sindicatos y la opinión pública- impuso el retraso de la edad de jubilación de 62 a 64 años (pecado mortal en Francia), y otras medidas poco agradables.

Los analistas -y las encuestas- aseguraban que el gran peligro era que el RN de Marine Le Pen no solo ganara la segunda vuelta, sino que tuviera mayoría absoluta, lo que forzaría a Macron a nombrar primer ministro a Jordan Bardella (RN) y a una difícil cohabitación que colocaría a Francia y a la Unión Europea en una crisis existencial.

Pero ha pasado todo lo contrario. El RN no solo no ha tenido la temida mayoría absoluta, sino que ni siquiera ha ganado y ha quedado tercero, tras el Nuevo Frente Popular (NFP) -la unión de una izquierda mal avenida-, e incluso de la coalición centrista de Macron, a la que todos daban por desahuciada. 

Ninguna de los tres grandes bloques -la izquierda, Macron o Le Pen- tiene mayoría suficiente. Y pactar un gobierno sólido será muy complicado. Ahora el gran peligro es la inestabilidad

¿Qué ha pasado? En las europeas y en la primera vuelta primó el castigo a Macron. Pero en la segunda vuelta estaba en juego si el RN, un partido de protesta de extrema derecha, ganaría, gobernaría Francia y podría paralizar la UE. Por otra parte, contra pronóstico, la izquierda del NFP y los centristas de Macron llegaron a un pacto tácito para retirar sus candidatos peor colocados en cada una de las 577 circunscripciones y que uno de los dos (NFP o centristas) derrotara a los del RN. Y los electores han seguido al “frente republicano”. Esta vez ya no ha habido de facto un referéndum contra Macron, sino otro contra que el RN de Marine Le Pen (la extrema derecha) gobernara Francia.

La mayoría de los franceses (el RN ganó las europeas y la primera vuelta, pero con solo el 33% de los votos) y de los gobiernos europeos, han respirado con alivio. El populismo nacionalista ha sido derrotado en Francia, pocos días después de que el laborista moderado Keir Stamer diera la puntilla en Gran Bretaña a los nacionalistas del Brexit. Dos buenas noticias a la espera de lo que pase en América el próximo noviembre.

¿Qué pasará ahora? El izquierdista NFP es el bloque ganador con 182 diputados, pero queda lejos de la mayoría absoluta de 289 escaños. Y además está muy dividido entre los radicales de Mélenchon y los otros (socialistas, ecologistas y comunistas). La única mayoría posible sería un pacto entre el BNP (o sus 'no melenchonistas'), los centristas de Macron y quizás los liberales de derechas que han sacado unos 40 escaños. Pero este pacto es difícil y en todo caso muy laborioso.

Los socialistas y los ecologistas no pactarán con Macron, un presidente que ha salvado los muebles, pero que sale devaluado, sin exigir parte de su programa (vuelta a la jubilación a los 62 años y más impuestos a los ricos), lo que choca con la médula espinal de Macron. Y no es fácil en una Francia con un déficit de más del 5% del PIB y una deuda pública superior incluso a la española.

Ahora todo queda pendiente de la constitución de la Asamblea Nacional el 18 de julio y la formación de los grupos parlamentarios. Pero, con pacto entre los liberales y parte de la izquierda (o sin pacto), Francia ha evitado lo peor, pero puede entrar en una fase de inestabilidad, ya que será difícil lograr una mayoría sólida. 

Para los franceses el domingo su objetivo ya no era castigar a Macron (como en las europeas y la primera vuelta), sino evitar que la extrema derecha de Le Pen, aunque se haya moderado, alcanzara el poder. Ahora los pactos para gobernar serán más laboriosos (y tendrán menos glamur) que el voto en contra. Contra Macron. O contra Le Pen.   

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