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Andreu Claret

Andreu Claret

Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO

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Francia: no pasaron, pero siguen ahí

Macron convocó elecciones anticipadas para clarificar el paisaje político francés tras las europeas y ahora tiene un panorama más complejo que antes: una asamblea partida en tres grupos, sin mayoría absoluta

El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, celebra la victoria este domingo en París.

El líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, celebra la victoria este domingo en París. / THOMAS PADILLA / AP

De una convocatoria electoral excepcional solo podían salir resultados excepcionales. Es lo que ha ocurrido en Francia, con la inesperada victoria de la izquierda, la derrota de la extrema derecha y la sorprendente resiliencia del centro político. Tras una primera vuelta exitosa del partido que lidera Marine le Pen, todos los pronósticos apuntaban a una victoria suya en la segunda vuelta. Al menos relativa, o incluso absoluta, como pronosticaron algunos. La bofetada ha sido de las que no se olvidan. De los 289 escaños que supone la mayoría absoluta, el Reagrupamiento Nacional (RN) ha quedado en 143. Peor aún: ocupará la tercera posición en la asamblea nacional, detrás de Ensemble (la formación afín a Emmanuel Macron) y el Nuevo Frente Popular. Esta es una primera y necesaria manera de ver las cosas. Sin embargo, hay otras que, con el paso de los días, pueden acabar imponiéndose a la primera lectura. Una vez más, que Francia no ha caído en manos de un partido xenófobo, ultranacionalista, dispuesto a rendirle pleitesía a Vladímir Putin.

Los franceses adoran las revoluciones, pero prefieren dejarlas para los libros de historia y los folletos que distribuirán entre quienes visiten París, para asistir a los Juegos Olímpicos. Y una victoria de la extrema derecha era, en cierto modo, una revolución. O una contra revolución, que para el caso es lo mismo. Una conmoción, en Francia y en Europa. Este ha sido el gran error de Marine Le Pen (y de nosotros, los analistas). Una cosa es castigar a Macron en la primera vuelta, y otra darle la mayoría absoluta a la extrema derecha en la segunda. Ha vuelto a funcionar aquel instinto republicano que los franceses llevan en su ADN. Más del 70% de los electores de izquierda que se quedaron sin candidato han votado por uno del partido de Macron, y más del 50% de los electores centristas lo han hecho por un candidato del Frente Popular para que no ganara el candidato de Le Pen. Es una actitud que cuesta de entender desde España, porque obliga a ir a votar con una máscara como la que lleva Mbappé, pero ha vuelto a funcionar, como ya ocurrió en 2017 y en 2022. En beneficio del No Pasarán y en detrimento, es cierto, de una grave distorsión en la representación parlamentaria, pues el perdedor de los comicios ha sacado casi nueve millones de votos mientras el Frente Popular se ha quedado en siete y el partido de Macron en 6,2 millones. Sumando otras pequeñas formaciones de derecha radical, la diferencia es aún mayor.

Macron convocó elecciones anticipadas para clarificar el paisaje político francés tras las europeas. Hoy tiene ante sí un panorama más complejo que antes, con algo que no había ocurrido nunca: una asamblea partida en tres grupos, sin mayoría absoluta. El principal líder del Frente Popular, Jean Luc Mélenchon, se dio cuenta enseguida de esta singularidad y le reclamó a Macron que nombre como primer ministro a un candidato de la izquierda. O sea, pidió que un presidente que no tiene mayoría en el parlamento nombrará jefe de gobierno a alguien de una fuerza que tampoco la tiene. Además, emulando a Julio Anguita, precisó que el nuevo gobierno deberá aplicar "nada más que el programa del Frente Popular y todo su programa". Si la propuesta estaba destinada a animar la fiesta de la noche electoral, no pasa nada. Si la cosa va en serio, no parece fácil que pueda ocurrir, sin más. Esto es, sin negociar apoyos, alianzas o incluso coaliciones. Y, por lo tanto, sin transigir en aspectos del programa. 

La palabra coalición es ajena a la cultura política francesa. Los franceses prefieren cohabitación. La derecha en la presidencia y la izquierda en el ejecutivo, o viceversa. Como ocurrió con Jospin en el gobierno y Chirac en la presidencia. O con Chirac de primer ministro y Mitterrand de presidente. ¿Pero con quién va a cohabitar Macron si nadie tiene la mayoría en el Parlamento? Solo puede hacerlo con una coalición liderada por la izquierda. No estaría mal que Pedro Sánchez viajara a París para explicarles a los del Frente Popular como coaligarse con otras fuerzas. Por mucho que les parezca mezclar el agua con el aceite. No creo que sea más difícil que en España. 

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