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Alfonso Armada

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Periodista.

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Contrapoder

Obama enarboló su puño para aplastar a Assange y dejar en entredicho el valor de decenas de miles de filtraciones

Julian Assange.

Julian Assange. / WikiLeaks

La intervención el pasado jueves en París de Stella Assange, esposa y abogada de Julian Assange, en el homenaje al secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire, muerto de un cáncer fulminante, fue una de las más conmovedoras. Lamentó que Deloire se hubiera ido sin ver cómo el fundador de WikiLeaks recobraba la libertad. RSF, con Deloire a la cabeza, convirtió a Assange en emblema de la libertad de prensa. Cinco días después Stella Assange escribió en X (exTwitter): “Las palabras no pueden expresar nuestra inmensa gratitud hacia VOSOTROS— sí, VOSOTROS, que os habéis movilizado durante años para que esto fuera realidad”.

Pablo Mediavilla Costa fue uno de los periodistas que reconocieron en 2010 el valor de Assange y sus 'hackers': “La fuerza de WikiLeaks se basa en dos pilares antiguos del periodismo, abandonados hace tiempo por los medios tradicionales que han preferido vender vajillas, teletipos o candidatos presidenciales: proteger a las fuentes y fiscalizar al poder”. Entre las atrocidades desveladas por WikiLeaks, una matanza de 18 civiles en Bagdad, entre ellos dos reporteros de Reuters, grabada desde la cámara del helicóptero de Estados Unidos que los acribilló.

El entonces presidente estadounidense, Barack Obama, insólito Premio Nobel de la Paz en el umbral de su mandato, enarboló su puño para aplastar a Assange y dejar en entredicho el valor de decenas de miles de filtraciones (“ninguno de estos documentos revela nada de lo que no se haya informado y que no haya sido debatido”). No era así. El abuso de poder y las mentiras que se esgrimen para encubrirlo por parte de la todopoderosa Agencia Nacional de Seguridad (ANS), la CIA, el Pentágono y otras instancias de la superpotencia quedaron en evidencia. 

Organizaciones como Amnistía Internacional o RSF recalcaron cómo Washington quiso durante años escarmentar en Assange (como antes con Edward Snowden, que sigue refugiado en Rusia tras revelar las ilegalidades de la ANS) a quien ose mostrar el doble lenguaje del poder. Crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos quedaron al descubierto. Falta un WikiLeaks dedicado a Israel.

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