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Emma Riverola

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Escritora

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Escoger las luchas

Elegir las causas y las movilizaciones no siempre es fácil para la izquierda. Pero es imprescindible reconocer el apoyo popular que hay detrás de tu mensaje

Así vivieron los aficionados la F1 en el centro de Barcelona

Cortan la calle Balmes en protesta por el ‘show’ de F1 en Barcelona

Protesta en contra de la Fórmula 1

Protesta en contra de la Fórmula 1 / REUTERS / Bruna Casas

Hay razones para defender el F1 Road Show, la exhibición que convirtió el paseo de Gràcia en un peculiar circuito de Formula 1 durante una hora. La continuidad del Gran Premio está en riesgo, lo que supondría un importante quiebro económico y laboral para Catalunya. El Departament d’Empresa i Treball cifra en 200 millones de euros el retorno indirecto de la competición y 2.670 puestos de trabajo, gran parte temporales. Por ello, el Govern se ha implicado al máximo para retenerla y el ayuntamiento de Barcelona ha puesto el Eixample y el entusiasmo ciudadano. 38.000 personas acudieron a la cita, la mayoría difícilmente podrán asistir a un circuito.

Hay razones para criticar el evento. Una celebración del ruido y al humo no es una buena metáfora para una ciudad que apuesta por la sostenibilidad. También se pueden objetar incomodidades en la movilidad (como en cualquiera de los múltiples actos que se celebran en una ciudad) o el añadido de fatiga a la sobrecarga turística. A escasos metros del Road Show, se celebró una manifestación contraria. En teoría, estaba secundada por más de 200 entidades. Sumaron 400 personas. Los números salen raros.

Escoger las causas y las movilizaciones no siempre es fácil para la izquierda. Más aún en cuestiones medioambientales. A menudo, las medidas a tomar son tan necesarias como impopulares. Que se lo digan a los dueños de coche sin distintivo ambiental. El negacionismo climático de la ultraderecha tampoco ayuda. Que un evento concite entusiasmo ciudadano tampoco debería ser un motivo para no elevar la protesta. Defender solo las causas más aplaudidas sería caer en una lógica mercantilista. Pero es imprescindible reconocer el apoyo popular que hay detrás de tu mensaje. Aún más, si eres un partido, saber qué opina tu votante natural para modular el mensaje. En esos casos, hablar en nombre de la ciudadanía, de todos los vecinos y vecinas, resulta tan soberbio como estéril y antipático, incluso ridículo. Un motivo más de distanciamiento. Escoger las luchas también es un modo de ganar.  

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