Opinión |
Políticas públicas
Joan Roca Sagarra
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Ahora, sí

La estabilidad que nos permite el periodo entre elecciones tiene que ser utilizada para poder ejecutar, para poder encontrar soluciones puntuales

Pleno de constitución del Parlament de Catalunya tras elecciones del 12M

Pleno de constitución del Parlament de Catalunya tras elecciones del 12M / ZOWY VOETEN

Ahora ya toca, ya no hay excusa. Hace un año celebramos elecciones municipales que llevaron cambios en ayuntamientos tan importantes como el de Barcelona, si bien aquellas elecciones serán especialmente recordadas porque su resultado desencadenó una reacción que sorprendió todo el mundo: ¡la convocatoria de unas nuevas elecciones!

Y así “el año de elecciones” con que se bautizaba 2024, se avanzó seis meses. Este año tenía que venir marcado por las elecciones fuera de España (Rusia, Europeas y Estados Unidos) y, en cambio, llegó fuertemente marcado por unas negociaciones que nos llevarían a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno. Y el curso continuaría con las elecciones autonómicas vascas y después con el inocente adelanto de unas elecciones en Catalunya, que solo confirma la voluntad de ganar estabilidad.

En política mejor no hacer muchos experimentos porque nos jugamos lo que es de todos, el bien común. Y los experimentos pueden ser brillantes y pueden encontrar soluciones inéditas que pueden cambiar hábitos y provocar grandes mejoras para unos cuántos (o para muchos), pero normalmente están reñidos con el interés general. Y cuando en política se habla del interés general, no es lo mismo que cuando se menciona en el ámbito privado donde la mayoría es “la mitad, más uno”; en política, el interés general es el que tiene que regir una sociedad que dé cabida a todo el mundo.

Y así nos encontramos hoy, en un momento que, a excepción de lo que pueda pasar al otro lado del Atlántico, no tendríamos que ser llamados a votar en los próximos meses. Al menos no tendría que ser así si la razón expresada para poder avanzar elecciones fue la de ganar estabilidad. Ahora la podríamos tener. Los resultados tendrían que permitir ganar estabilidad y centrar el foco en la defensa y promoción del bien común.

En los foros de debate, es hoy una visión común que la economía va bastante bien, aunque la percepción sea la contraria. La sensación de incertidumbre que comporta la situación geopolítica, así como la polarización del debate político, dan un resultado poco alentador: una confianza muy baja en la capacidad de las administraciones para resolver los retos de una sociedad cada vez más desigual.

Al menos uno de los elementos que provocan esta falta de confianza, ya se puede hoy dejar de lado, una vez superada un periodo marcado por las campañas electorales: ya no hay que centrar el debate político al ámbito reduccionista del interés partidista. Ahora, ya se puede hablar de políticas públicas y de aquello que realmente afecta al ciudadano.

Superados los diferentes comicios de los últimos meses, hay suficiente estabilidad para ponerse a trabajar, dejar los cálculos electoralistas y entrar a hacer política pública. Ya se ha acabado aquel periodo donde todo tenía que quedar paralizado por la política electoralista, y donde la maquinaria de los partidos pensaba en clave interna, es decir, en los cargos en el consistorio, en el Parlament o en el Congreso. Es el momento de pensar cómo utilizar estos cargos para que el bien común sea bien servido, teniendo en el foco el interés general que tantas y tantas veces no coincide con los postulados del propio partido o que uno haya podido defender.

Se podrá reconocer que no hay hoy suficiente estabilidad para llegar a un nuevo contrato social, pero sí para poder debatir nuevas soluciones a problemas de tanta actualidad como la vivienda o la educación: quizás no se pueda llegar a un gran consenso que permita una solución a largo plazo, pero seguro que se podrán debatir propuestas concretas y aprobar acuerdos puntuales que puedan suponer una mejora, aunque esta no sea definitiva.

Efectivamente, se coincidirá que no hay un marco estable para permitir un debate sosegado y tranquilo sobre las nuevas problemáticas que tengan que marcar un nuevo marco jurídico-económico que permita fomentar un nuevo orden social. Y es que quizás la estabilidad que nos permite el periodo entre elecciones tiene que ser utilizada para poder ejecutar, para poder encontrar soluciones puntuales, para poder pragmáticamente concretar una política pública en favor de una determinada situación.

Ahora, sí. Ahora los representantes que han sido escogidos tienen una estabilidad en el entorno político y en el contexto social como para poder aprovecharla para pensar, debatir, concluir y acordar políticas concretas en favor del bien común, en nombre del interés general.