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Josep Cuní

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Periodista.

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Oriol Junqueras: pensar para vivir dos veces

Oriol Junqueras, durant un acte de campanya d’ERC per al 9J.  | ANNA MAS TALENS

Oriol Junqueras, durant un acte de campanya d’ERC per al 9J. | ANNA MAS TALENS

Tomarse un tiempo de reflexión para decidir parece marcar los nuevos tiempos políticos. Es una manera de admitir públicamente que la vorágine cotidiana impide pensar. Y aunque el líder se rodee de otros que lo hagan por él, no es lo mismo porque al final igualmente la última palabra será la suya. Tan personal e intransferible que todos la atribuirán a quien públicamente está llamado a anunciarla. Si el resultado es positivo ensanchará el ego y fomentará el liderazgo. Incluso el caudillaje. Si es negativo, empujará a la decepción cuando no a otras alteraciones. Así pues, siempre asomará el riesgo añadido de algún trastorno de la conducta. Todo está diagnosticado.  

En ocasiones es imprescindible remarcar lo obvio. Por ejemplo, que pensar es básico porque quien no piensa, no existe. O peor: quien no quiere hacerlo es un fanático, quien no puede hacerlo es un idiota y quien no se atreve es un cobarde. Los grandes filósofos lo dejaron todo escrito. En todos los sentidos. Por eso es recomendable recuperar la historia del pensamiento en las aulas y contratar para puestos clave en las empresas a graduados en materias humanísticas como recetó la pandemia.

En este sentido, ni sus rivales le niegan a Pedro Sánchez su capacidad de romper moldes marcando los tiempos. Líneas de comportamiento personal y político sobradamente comentadas que parecen haber inspirado para emularle a Oriol Junqueras Vies (Barcelona, 11 de abril de 1969). 

Los malos resultados de Esquerra Republicana de Catalunya en las elecciones del 12 de mayo llevaron a su presidente hasta el pasado domingo a anunciar que abandonaba el cargo tras 13 años en él para darse un tiempo a sí mismo, buscar la tranquilidad que el último decenio le ha negado, poner pie en pared y lanzarse a la carretera para escuchar y preparar así su retorno con mayor fuerza, menos fisuras y mejores aliados. 

Aquella decisión ha encontrado un aval complementario en los últimos y aún peores resultados europeos que, agudizando la crisis del partido largamente disimulada, ha hecho recuperar decisiones que de nuevo parecen más fruto del temor que de la razón.  

La capacidad intelectual de Oriol Junqueras, que no es menor, se ve ahora estimulada por la necesidad de encontrar el equilibrio que su partido tradicionalmente se ha negado a aplicar. Y aunque el historiador lo sabe mejor que nadie porque los ejemplos ya aparecieron al poco de fundarse la formación, quienes lo intentaron más recientemente - tiempos del tripartito - se lo podrían explicar mostrándole sus irritadas cicatrices. 

La tarea es ardua y el resultado incierto. Haber asumido personal y físicamente las consecuencias del error de 2017 ya no parece suficiente por injusto que sea. La épica cuelga en el cartel de su eterno rival y la recriminación en la foto de la compañera huida. Aun así, dice que de todos quiere hablar bien. Sus creencias religiosas, su experiencia vaticana y su capacidad retórica se lo facilitan. De esto se ha servido hábilmente porque, en los momentos aciagos, las homilías de Junqueras se aceptaban mejor que los discursos de otros. La pregunta es si esta nueva época compra aquellos viejos atuendos y si ante cualquier pregunta comprometida vale como respuesta una frase ilustrada que sonando bien concrete poco. O la más repetida de que todo es muy complicado. Duda razonable.

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