Opinión |
Negociaciones tras el 12M
Joaquim Coll

Joaquim Coll

Historiador

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El cuento de la lechera

La paradoja es que la amnistía, que algunos quisieron vendérnosla como el bálsamo para la reconciliación y la pacificación de Catalunya, va a acabar resultando lo contrario

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Marta Rovira, en una imagen reciente.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, y la secretaria general, Marta Rovira, en una imagen reciente. / MARC PUIG / ERC

La investidura de Salvador Illa, que hace poco parecía casi segura, se ha complicado extraordinariamente. Los sucesivos reveses electorales han dejado a ERC en estado catatónico, sumida en una guerra interna y, tras la dimisión de Oriol Junqueras, que representaba increíblemente el sector más favorable a pactar con el PSC, el poder de decisión recae en la esencialista expatriada Marta Rovira. Los militantes republicanos se preguntan qué ha pasado, a qué se debe tan tremendo batacazo, por qué no han podido consolidar su hegemonía en el independentismo con Pere Aragonès de president y Junts fuera del Govern desde 2022. Muchos atribuyen la culpa a sus pactos con el PSOE, pero se equivocan. El problema para ERC es que Pedro Sánchez tuvo que ceder demasiado a Junts para ser investido, transigiendo con una ley de amnistía que ha rehabilitado a Carles Puigdemont, convirtiéndolo en un estadista. A las puertas de las elecciones de julio pasado, ERC no exigía la amnistía para pactar con el PSOE. El problema, pues, no es que haya pactado mucho, sino que ha pactado poco, o de forma poco exigente, ya que Junts ha logrado obtener bastante más comprometiéndose mucho menos con la gobernabilidad española. 

La paradoja es que la amnistía, que algunos quisieron vendérnosla como el bálsamo para la reconciliación y la pacificación de Catalunya, como la condición incómoda pero necesaria para pasar definitivamente la página del 'procés', va a acabar resultando lo contrario. La vía por la que el discurso legitimista de Puigdemont le gana la partida al pragmatismo de ERC, e impide un pacto para investir a Illa de president y gobernar en Barcelona con Jaume Collboni. Si los republicanos no hubieran quedado tan debilitados y la vía de acuerdo con los socialistas se hubiera podido mantener, el relato positivo sobre la amnistía se habría santificado, como pareció tras el 12 de mayo. El cuento de la lechera que Sánchez se imaginó para no tener que repetir elecciones, bajo la consigna de cerrar al precio que fuese el paso a las derechas, está cerca de tropezar con la cruda realidad.

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