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Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

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Cincelando el futuro

Nos cuesta entender hasta qué punto el horror -o la posibilidad del horror- se está apoderando de nuestro presente. Aún menos, nuestra complicidad en su pujanza

CUBOS

CUBOS

El artista contempla un bloque de piedra y “mira” la obra que hay en su interior, solo tiene que liberarla. Mimo Vitaliani es el escultor y protagonista de ‘Cuidar de ella’ (AdN), la novela reconocida con el Premio Goncourt 2023. Una ficción mayúscula, en la que el arte, el amor y la violencia política tejen el tapiz de la Italia del siglo XX. 

En el centro de Berlín, el Monumento en Memoria de los Judíos Asesinados en Europa está formado por 2.711 cubos de hormigón de grandes dimensiones. En ellos, ninguna señal menciona el Holocausto. El efecto de caminar entre los bloques queda a voluntad de la mirada del visitante. El espacio puede recorrerse con indiferencia o con el corazón encogido. Al internarse, el suelo desciende y los pilares grises cada vez se tornan más amenazadores. El artista busca desorientar, mostrar lo fácil que es hundirse en la sinrazón. 

Me pregunto cuántos bloques de piedra nos cercan. Me pregunto hasta qué punto somos capaces de ver todo lo que contienen. Como en la novela, quizá advertimos el desprecio hacia los cuerpos considerados menos valiosos (la capacidad, la raza y el género agrietan el reconocimiento), también sentimos como la agresividad va emponzoñando el aire, como los insultos hieren el debate. Pero, como al escultor Vitaliani, quizá nos cuesta entender hasta qué punto el horror -o la posibilidad del horror- se está apoderando de nuestro presente. Aún menos, nuestra complicidad en su pujanza. 

En la novela de Jean-Baptiste Andrea, las tribulaciones de los personajes y el escenario político se trenzan bellamente. La obra emociona tanto como invita a la reflexión. La violencia aparece como substrato. El arte como subversión. Porque la tozuda búsqueda de la belleza también puede ser una respuesta. Sí, nos cercan los bloques. Moles de piedra que pueden contener un futuro intimidante: imposible el debate, imposible el pacto. Pero también podemos elegir la belleza, la humanidad, incluso la compasión. Tenemos el cincel en nuestras manos: llamémosle voto. 

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