Opinión |
Elecciones europeas
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

España está mejor

Vox subirá, pero se quedará como mucho algo por encima del 10% del voto, muy por debajo del 30% de la extrema derecha en Francia e Italia

Banderas de la UE en la sede de la Comisión Europea en Bruselas.

Banderas de la UE en la sede de la Comisión Europea en Bruselas. / ARCHIVO

El próximo domingo la extrema derecha subirá y unida podría llegar a copar el 20% del parlamento europeo. Pero el 20% está muy lejos del 51% y lo previsible es que el pacto actual de centro (populares, socialistas y liberales) supere la mayoría absoluta de 361 escaños y llegue a los 400. Además, la extrema derecha está dividida en dos y parte de ella -no solo Meloni- está aguando mucho su actitud antieuropea.

Pero la extrema derecha puede ser la primera fuerza en cinco países: Francia, Italia, Austria, Holanda y Hungría. Y la segunda en otros cuatro: Alemania, Polonia, Rumanía y Letonia. Que en Francia el partido de Marine Le Pen pueda obtener el 32% del voto, doblando así el del partido de Macron y sumando más que sus dos inmediatos seguidores (Macron y los socialistas) no es ninguna tontería y deja grandes incógnitas sobre las presidenciales de 2027. Y que Meloni, con más del 30% de los votos, vaya a consolidar su primacía política en Italia tendrá consecuencias. No podrá desarbolar la actual y tradicional coalición centrista, pero tendrá más fuerza en Roma y en Bruselas. Y Meloni, muy pragmática, lo sabrá capitalizar.

Y no menos relevancia tiene que en Alemania la extremista AfD (que hasta Marine Le Pen repudia) pueda quedar segunda, tras la CDU (PPE), pero por delante de los socialdemócratas del canciller Scholz. Aparte de las consecuencias en Bruselas, la influencia de la extrema derecha subirá en los tres grandes países de la UE (Alemania, Francia e Italia). Y su fuerza, aparte del nacionalismo populista y antieuropeo (en retroceso), viene del rechazo de parte de la población a la imprescindible inmigración. Es un asunto clave que habrá que abordar si no se quiere que la extrema derecha siga al alza.

Pero en este preocupante ambiente, la realidad española es bastante menos alarmante. Aquí tenemos una persistente y muy dañina crispación entre los dos grandes partidos, pero los números de la extrema derecha quedan muy lejos del PP y del PSOE. En las europeas de 2019 Vox tuvo el 6,2% de los votos y ahora subirá, pero se quedará entre el 8,1% (encuesta de EL PERIÓDICO) y el 10,7% de El País. Muy lejos del más del 30% de Francia o Italia. E incluso sumándole la nueva lista extremista “Se acabó la Fiesta” no pasarían nunca del 15%, en el sondeo más alarmante, el del CIS de este lunes.

Sea por lo que sea la reacción contra la inmigración que recorre Europa -incluyendo países de gran tradición socialdemócrata como Dinamarca y Suecia- ha encontrado en los Pirineos una barrera. Quizás porque la inmigración de religión islámica, o la subsahariana, es aquí menos relevante por la fuerte presencia de la latinoamericana.

Abascal irrita a muchos electores - moderados o progresistas-, pero su implantación política y social es mucho menor que la de sus amigos en otros países europeos. En esto, en la influencia y pujanza de la extrema derecha, España no va en la buena dirección porque Vox sube, pero está mejor que otros países europeos. Apúntelo.