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Matías Vallés

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Periodista

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Polonia Castellanos, por si el infierno no basta

Su fundación aspira a la perfección sobrehumana, pero comete pecadillos

Polonia Castellanos, presidenta de la asociación Abogados Cristianos, en una imagen de archivo.

Polonia Castellanos, presidenta de la asociación Abogados Cristianos, en una imagen de archivo. / David Castro

A Polonia Castellanos se le amontona el trabajo. Se define en un rasgo de pía modestia como «mujer, madre, esposa, abogada y católica». Con todos los respetos, hay miles de personas en este mundo pecador que cumplen con los cinco requisitos. Pero solo una preside la fundación Abogados Cristianos, donde la balanza de la justicia ha sido sustituida por una cruz. Es un simbolismo imprescindible en un país de dudosa comprensión lectora, aunque resulte curioso usar el lignum crucis como icono de una organización especializada en combatir la profanación religiosa.

(«Abogados Cristianos tendrá que pagar las costas por pedir la retirada de una bandera LGTBI»).

Abogados Cristianos es una redundancia, porque solo debería permitirse el ejercicio de la abogacía, y de otras variantes más perniciosas del Derecho, bajo el manto feraz de la cristiandad. El alejamiento de la fe, o su sustitución por sucedáneos evidentemente espurios, explica desde el vigente desprestigio de la ley hasta el cambio climático, por citar solo dos fenómenos irreversibles. Aquí interviene la abogada cristiana Polonia Castellanos, para proclamar que «el 8M no tenemos nada que celebrar». Es la versión católica y española de Donald Trump prometiendo «drenar el lodazal de Washington».

(«El Supremo rechaza una querella de Abogados Cristianos contra el Defensor del Pueblo por su informe sobre los abusos en la Iglesia»).

En épocas más fervorosas se confiaba en el castigo de ultratumba, pero los últimos avances teológicos demuestran que el fuego eterno llega a menudo demasiado tarde. Por si el infierno no basta, una buena querella ayuda a restaurar la justicia divina, y la fundación de Castellanos tiene un centenar de acciones penales en marcha. Sin demasiado éxito, hasta tal punto ha llegado la degradación de los escalones más nobles del género humano.

(«Willy Toledo, absuelto nuevamente de la demanda interpuesta contra él por Abogados Cristianos»).

Hay un elemento piadoso, en la voluntad de Abogados Cristianos de forzar un arrepentimiento de los sacrílegos en este mundo, antes de que su condena infinita sea irremediable. Castellano traslada esta vocación redentora al idioma, y aprovecha los amplios límites de la libertad de expresión en la definición del aborto como «trocear a un bebé en el vientre materno». Al español siempre le ha gustado hablar claro, y luchar para impedir que otros le imiten.

(«Bofetada de la Justicia a Abogados Cristianos por pedir la retirada de la bandera LGTBI en Alcalá de Henares»).

La fundación de Castellanos aspira a la perfección sobrehumana, pero comete pecadillos. Verbigracia, la definición de Cristianos es deficiente por globalizadora, al incluir a luteranos y a ortodoxos, indignos de protección en cuanto que han desencadenado la guerra de Ucrania. Deben corregirse en Abogados Católicos. Se les acusa de extremistas, pero nadie tacharía de moderado al Cristo que expulsa a los mercaderes del Templo con un explícito «sacad todo de aquí y no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

(«El Tribunal Superior de Extremadura inadmite el recurso de Abogados Cristianos contra la decisión de retirar la Cruz de los Caídos»).

El número ingente de querellas de Abogados Cristianos, a menudo desatendidas por una sociedad paganizada, también demuestra que las provocaciones occidentales aguijonean al cristianismo con mayor furia que al islamismo, con la honrosa excepción de Charlie Hebdo y las consecuencias muy publicitadas. La regla debería ser «no me digas de Jesucristo lo que no puedas decirme de Mahoma».

(«Abogados Cristianos tendrá que pagar 500 euros por intentar evitar que Correos emitiera un sello del centenario del Partido Comunista»).

Polonia Castellanos es la mejor promoción que puede disfrutar una iniciativa progresista. La infatigable letrada no solo acusa, también defiende a clientes como Miguel Frontera, juzgado esta semana por el presunto acoso al domicilio de Irene Montero y Pablo Iglesias. Vuelve a ser curioso que una fundación hipersensible a las blasfemias tenga que disculpar al ciudadano que llama «garrapata» a un vicepresidente del Gobierno, en la versión del fundador de Podemos. No puede descartarse que Abogados Cristianos denuncie a continuación al político, por profanar un apellido eclesial con su pronunciado ateísmo, a diferencia del incomparable y muy católico Julio Iglesias.

(«Archivada definitivamente la denuncia contra Drag Sethlas y condenada a las costas Abogados Cristianos»). 

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