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Un paso adelante de Puig

La salida a bolsa pretende garantizar un crecimiento viable y hacer posible mantener su carácter familiar

Puig comunica formalmente su intención de salir a Bolsa para captar más de 2.500 millones

Crecer y evitar una posible opa hostil: las claves de la salida a Bolsa de Puig

El presidente ejecutivo de Puig, Marc Puig, en la inauguración de la ampliación de sus oficinas en l'Hospitalet de Llobregat

El presidente ejecutivo de Puig, Marc Puig, en la inauguración de la ampliación de sus oficinas en l'Hospitalet de Llobregat / / ZOWY VOETEN

Puig, el grupo de cosmética, belleza y moda creado en 1914 y gestionado por la tercera generación de la familia fundadora, anunció ayer formalmente su próxima salida a bolsa, que hace meses se iba anticipando. El objetivo marcado es captar 2.500 millones de euros, la mitad en forma de ampliación de capital y la otra mitad mediante la venta de acciones, propiedad hasta ahora de las cuatro ramas familiares que se repartían la totalidad de las participaciones en el grupo empresarial.

A lo largo de toda su larga historia, y especialmente en los últimos años, Puig ha crecido hasta convertirse en el paraguas de acreditadas marcas como Rabanne, Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier, Nina Ricci, Carlotte Tilbury, Byredo, Loto del Sur, Kama Ayurveda o Dr. Barbara Sturm. La adquisición de la primera de ellas, ya en los años 60, marcó precisamente el inicio de la internacionalización, que ha proseguido por las vías de la diversificación a partir del negocio original de la perfumería y el posicionamiento en el rentable mercado del lujo. Todo ello lo ha hecho con un nivel de endeudamiento perfectamente razonable en relación a una facturación y resultados que no han dejado de crecer, con la única excepción del ejercicio plenamente pandémico, y que en 2023 alcanzaron un volumen de negocio de 4.300 millones de euros (un 19% más que en el año anterior) y unos beneficios netos de 465 millones de euros (un 16% más). Aparte de su crecimiento, Puig ha sido un ejemplo de éxito también desde el punto de la gobernanza, con un reparto armónico de funciones entre representantes de las distintas ramas familiares y unos primeros pasos en la vía de desvincular progresivamente la gestión profesional de la empresa de la propiedad familiar. 

Pero Puig se mueve en un mercado internacional en el que diversos gigantes siguen agregando marcas premium en conglomerados con un valor bursátil de un orden de magnitud superior, como los 420.000 millones de Louis Vuitton Moët Hennessy, los 200.000 de L’Oréal o los 75.000 de Richemont. Se encuentra en un momento en que debe seguir estando en condiciones de aprovechar oportunidades de inversión, evitando tener que recurrir a un endeudamiento excesivo e incluso reduciéndolo. Y al mismo tiempo, encara sin precipitaciones la transición hacia una cuarta generación de descendientes del fundador, una fase que no pocas empresas familiares tienen dificultades para gestionar. 

La salida a bolsa diseñada por los gestores de Puig, que les podría situar con un valor en bolsa de 10.000 millones de euros y en la liga del Ibex 35, tiene los elementos para garantizar cumplir todos estos objetivos. Mantener el control de la compañía en manos de la familia fundadora, dificultar operaciones de compra hostiles y seguir en su senda de crecimiento sostenible, que se simbolizó hace unos días con la presentación de los resultados positivos de 2023 y la inauguración de la segunda de sus torres corporativas en el distrito de negocios de L’Hospitalet. Y al mismo tiempo, con el ejercicio de transparencia y simplificación de las participaciones familiares que supone la salida a bolsa, brinda la oportunidad de evitar algunos de los errores que han hecho que otras empresas locales con perspectivas de negocio positivas, por la vía de un apalancamiento inasumible o estructuras de propiedad opacas, hayan caído bajo intereses ajenos o deban de enfrentarse a serias dificultades.  

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