Opinión |
Limón & vinagre

David Trueba: el gran lujo es observar

Explica el director que es incapaz de escribir un guion hasta que no encuentra "la parte de mí mismo que tiene relación con la historia"

El cineasta David Trueba, en el rodaje de la docuserie 'Sofía y la vida Real'

El cineasta David Trueba, en el rodaje de la docuserie 'Sofía y la vida Real' / HBO Max

Josep Maria Fonalleras

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Después de estudiar periodismo, David Trueba, con 23 años, decidió ir a Los Ángeles y matricularse en un curso de guion en el American Film Institute. Allí conoció a Dios, como dijo poco después su hermano Fernando, es decir, a Billy Wilder. Estuvo hablando con él durante más de dos horas y entendió unas cuantas cosas sobre el cine y sobre la vida: “Me enseñó que, cuando tienes talento, es una obligación ser generoso y abierto, modesto y accesible”. Es tan innegable que David Trueba tiene talento como que pone en práctica, además, todas aquellas virtudes que le transmitió Wilder. Uno de los secretos de su carrera quizás lo podemos encontrar en lo que ha declarado a raíz del estreno de 'Saben aquell', la película sobre los inicios de Eugenio como humorista. Explica Trueba que es incapaz de escribir un guion hasta que no encuentra "la parte de mí mismo que tiene relación con la historia". Es decir, una proyección personal que, en el caso de Eugenio, se concreta así: “Era una persona generosa, que hizo cosas muy bonitas por la gente, pero que tenía un poso de timidez”. Es el Trueba (siempre lo ha sido) que intenta indagar en el porqué de las cosas, desde las primeras comedias, bien trabadas y podríamos decir que frívolas, hasta retratos generacionales que dibujan tanto el panorama de una época como los conflictos íntimos, el desaguisado de la adolescencia, los sueños perdidos de la edad adulta, o las historias de amor en equilibrio precario. Y que lo hace desde una mirada que es especialmente tranquila y benévola, sentimental, pero no azucarada.

Trueba es el hombre de cine que observa (“en estos momentos, el gran lujo es observar”), pero también el articulista que analiza el mundo o el guionista que va en busca de una verdad que es cambiante y caleidoscópica. Es el caso, por ejemplo, de sus incursiones en el cine documental, en el entramado de la familia Pujol Ferrusola, de la Reina Sofía o de Felipe González. Trueba observa y se entretiene en un invento –el reloj de arena– que “permite visualizar lo invisible”. En una de sus novelas, 'Blitz' (Anagrama, 2015), expone que lo que nos explica es “nuestra pelea con el tiempo”. El protagonista, de profesión paisajista, diseña un jardín en el que hay un reloj de esos, “que recuerda a quienes pasean que tres minutos pueden ser muy largos si te dedicas a observarlos”. La conciencia física y no solo intelectual del paso del tiempo y, al mismo tiempo, la percepción de que todo lo que haces (en su caso, un alud de creatividad, en el que también podemos incluir letras de canciones y piezas teatrales) es una especie de álbum (“como los que las madres tenían en casa”), con fotos que no se pueden despegar porque forman parte de la memoria de lo que fuimos.

No puede explicarse todo a partir de la infancia, pero sí hay señales que, con el paso de los años, se conforman como premonitorias. Debía de serlo, por supuesto, ser el pequeño de ocho hermanos, cr Explica Trueba que es incapaz de escribir un guion hasta que no encuentra "la parte de mí mismo que tiene relación con la historia"iado en “un clima de libertad y autonomía” porque sus padres ya estaban cansados de haber educado a los siete primeros. Y también el hecho de que el padre era vendedor ambulante de máquinas de escribir y que, de muy jovencito, tuvo al alcance la mítica Lettera 35 de Olivetti, allí donde se forjaron, probablemente, las futuras películas, los relatos aún por imaginar.

Al mismo tiempo (esto me lo explica el librero Guillem Terribas, que conoció a Trueba en el rodaje de 'Soldados de Salamina'), y aunque parezca contradictorio, la necesidad de ser el sensato en aquel guirigay familiar donde se acumulaban cuatro generaciones. “Trueba es ciertamente muy amable, te mira cuando hablas, y confiesa que tiene la pulsión de abrazar a la gente, como si quisiera transmitir una idea de protección, de nitidez y tranquilidad, sin prisas, como ocurre en sus películas”.

Ha firmado varios éxitos (y el enternecedor 'biopic' de claroscuros sobre Eugenio seguro que será uno de ellos), pero yo me quedo con una joya desconocida, rodada al margen de la industria. 'Si me borrara el viento lo que yo canto' es una aproximación a la figura de Chicho Sánchez Ferlosio (el cantante) y al disco clandestino que grabó en Suecia, en 1963, con canciones de revuelta. Una delicia, como también lo es la obra de teatro que se estrenará el próximo año ('Los guapos'), una historia dramática y emotiva de tiempo, destinos y amores perdidos. Una nueva mirada a la arena que se desvanece en el reloj, irremediablemente, una nueva fotografía de ese álbum de familia.

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