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Rubiales y las federaciones

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Olga Tubau y Luis Rubiales

Olga Tubau y Luis Rubiales / JOSÉ LUIS ROCA

Luis Rubiales, expresidente de la Federación Española de Fútbol, compareció ante el juez para afrontar una acusación de agresión sexual por el pico sin consentimiento que le dio a Jenni Hermoso durante la celebración del campeonato del mundo de la selección femenina de fútbol en Sidney. Se trata de un punto de inflexión. El hasta ahora presidente pondrá en marcha su estrategia personal de defensa, esperemos que sin los medios técnicos, económicos y humanos de la federación, que incluirá todo tipo de tretas para demostrar su tesis de que fue un acto consentido y sin componente sexual. Está en su derecho constitucional de hacerlo.

Rubiales se va, pero la federación sigue ahí con sus graves problemas de gobernanza que la sociedad ha visto a raíz de lo ocurrido con Jenni Hermoso. Laia Bonals entrevista a Amanda Gutiérrez, la presidenta de Futpro, el sindicato mayoritario en el colectivo de mujeres futbolistas. Es una versión de parte, pero debería ser el punto de partida de lo que pase a partir de ahora. Como ha anunciado el secretario de Estado para el Deporte, Victor Francos, se impone un cambio en la regulación de la federaciones deportivas que se acogen a esta peculiar figura jurídica de las entidades privadas de interés público. Son estructuras que no aseguran una gobernanza con las garantías que la sociedad exige en el siglo XXI en cuanto a transparencia y rendición de cuentas, con lo cual, cualquier tipo de conducta indebida, sea en la administración de los fondos o en el trato a los federados, cuesta dios y ayuda denunciarla y corregirla. Hemos visto estas últimas semanas todos los resortes que tenía Rubiales para parapetarse ante la indignación que sentían los propios y las propias federadas. El establishment deportivo, con importantes tentáculos políticos y mediáticos, tratará de bloquear cualquier reforma y acusará a Francos de querer controlar a las federaciones. Ciertamente, es un riesgo por lo que la operación exigirá mucho tiento, pero la sociedad no entendería lo contrario que, en la práctica, reduciría el caso Rubiales a una cacería personal, y ese no era el tema.