Opinión | Aminstía

Joaquim Coll

Joaquim Coll

Historiador

Con el corazón partido

El electorado socialista desea la investidura de Sánchez, pero no a cualquier precio

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez / David Castro

La sentencia de prisión para el 'exconseller' Miquel Buch y el 'mosso' Lluís Escolà mete más presión al independentismo para lograr una amnistía a cambio de investir a Pedro Sánchez. Presión sobre Junts, que es donde milita el antiguo responsable de Interior, pero también sobre ERC, porque hay otros juicios pendientes por delitos vinculados al 'procés', de forma destacada contra los republicanos Josep Maria Jové y Lluís Salvadó, que pueden ir a la cárcel por malversación.

Por ahora, Pedro Sánchez guarda silencio sobre las condiciones de ese perdón general, que en un nuevo 'cambio de opinión' ya no le parece anticonstitucional, y más precisamente sobre cuáles serían esas "exigencias inasumibles" a las que desde la Moncloa se alude ahora para enfriar el acuerdo con los independentistas. La opinión pública española está mayoritariamente en contra, mientras el electorado socialista tiene el corazón partido: desea la investidura de Sánchez, pero no a cualquier precio.

Si la amnistía es el resultado de una reconciliación en el que el independentismo hace un acto de contrición sobre los errores del 'procés', que incluye una renuncia a la unilateralidad, entonces ese perdón sería digerible, y Sánchez podría argumentar que ha puesto punto final a la tensión en Catalunya.

Es verdad que el calendario favorece su investidura, y que los independentistas tienen personalmente, empezando por Puigdemont, más que perder con una repetición electoral. Pero Sánchez se equivoca si sigue prolongando la impresión de que está dispuesto a pagar cualquier precio por seguir en el poder. Debe aclarar cuanto antes qué le exige al independentismo, porque la moneda de cambio no puede ser solo su investidura.

Una amnistía, si constitucionalmente es posible, es una medida de excepción. Si finalmente volvemos a votar, porque Puigdemont exige cosas aún más imposibles, como su pretensión de ser tratado como si fuera Tarradellas, Sánchez habría cimentado la imagen de alguien que no es fiable, también entre una parte del votante socialista, que con el corazón partido optaría por abstenerse el 14 de enero.

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