Opinión |
Análisis

El motín

Ningún gobierno de la naturaleza que sea puede quedarse impasible ante una rebelión como la de los mercenarios de Wagner y, por tanto, Putin, tendrá que tomar medidas y las deberá tomar más pronto que tarde

Guerra de Ucrania: última hora en directo

Vladimir Putin

Vladimir Putin / VLADIMIR SMIRNOV / SPUTNIK / KRE

Ruth Ferrero-Turrión

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Probablemente nada de lo que se ha visto durante los últimos días en Rusia hubiera tenido lugar sin la guerra en Ucrania. La potencial desestabilización en la que se podía haber visto inmerso el país más grande del mundo y sus armas nucleares con él tiene una variable esencial y esa es el garrafal error cometido por el propio líder, Vladímir Putin, cuando decidió lanzar su ofensiva de febrero de 2022 contra Ucrania.

Una buena parte de lo que podemos estar presenciando en Rusia está relacionado con el desarrollo de la guerra en Ucrania. Las posiciones en torno a cómo debía abordarse esta guerra desde el campo ruso se encuentran en el origen que ha llevado a un oligarca caprichoso y con armas a intentar convencer a su valedor, Putin, de que sus posiciones eran las buenas, frente a las que defendían sus adversarios políticos, el ministro de Defensa Sergéi Soighú y el jefe del Estado Mayor, el general Guerásimov. Cuando se dio cuenta de que había pasado el límite, dio marcha atrás.

Todos las previsiones le han salido mal, pero incluso ni en el peor de los escenarios nadie podría imaginarse que un episodio como el de estos días podría ser posible en el marco de un régimen cada vez más autocrático. Quizás estemos solo ante un hecho que se quede ahí, pero esto no parece que vaya a ser el caso. Ningún gobierno de la naturaleza que sea puede quedarse impasible ante estos acontecimientos y, por tanto, Putin, tendrá que tomar medidas y las deberá tomar más pronto que tarde. En función de esas decisiones, que probablemente lleven hacia una reestructuración de la cúpula del Ministerio de Ddefensa, será cuando efectivamente podamos comenzar a extraer conclusiones menos especulativas sobre hacia dónde se dirige el régimen, hacia su consolidación o hacia otros escenarios.

En todo caso, no parece que, por el momento, se vayan a ver cambios sustantivos en Rusia. Prigozhin no ha conseguido las alianzas necesarias como para poner en tela de juicio el régimen, ninguno de sus potenciales aliados dio un paso al frente para ponerse a su lado. Además la manera en que se ha resuelto el entuerto también ha evitado que las especulaciones sobre el advenimiento de un conflicto civil hayan quedado en el olvido. Por el momento, el sistema ha funcionado para controlar el motín.

Y mientras todo esto sucedía, desde el resto del mundo se contenía el aliento y se enfrentaba al dilema de una Rusia estable o inestable. El escenario de un conflicto civil agradaba a los más rusófobos, la desmembración de Rusia es uno de los objetivos, mientras que los más racionales temían por un escenario en el que las armas nucleares cayeran en manos de distintos y descontrolados señores de la guerra.

Sí, lo que sucede en Ucrania tiene efectos en Rusia de manera directa. Putin ha vinculado su destino a lo que suceda en el frente de guerra, el escenario de prolongación de la guerra beneficia a sus intereses y, para ello, no se olviden, por el momento, la principal baza que ha tenido han sido los mercenarios Wagner. Esto también explica muchas cosas.

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