NEWSLETTER Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

2
Se lee en minutos
Foto de Pedro Sánchez después de un acto en Moncloa. 

Foto de Pedro Sánchez después de un acto en Moncloa.  / David Castro

Juan Ruiz adelantó un hecho relevante: dentro del PSOE, las listas para el Congreso y el Senado para el 23-J se han convertido en el campo de batalla definitivo entre los barones y Pedro Sánchez. En primer lugar, porque si las cosas salen medianamente bien, muchos dirigentes descabalgados a nivel municipal o autonómico encontrarán su refugio y su sustento en los escaños del Congreso y del Senado. En segundo lugar, porque si las cosas van mal, como augura la propia convocatoria de elecciones, nadie que quiera tener algún papel en la sucesión de Pedro Sánchez debería quedar fuera del Congreso para no padecer las limitaciones que está teniendo Alberto Núñez Feijóo. A principios de semana, Pilar Santos publicó una información reveladora del distinto ánimo con el que preparan estas elecciones desde el PP. Feijóo confía en las listas para tener finalmente unos grupos parlamentarios a su medida, especialmente si acaba en la Moncloa.

Noticias relacionadas

En Catalunya, Esquerra y Junts parecen optar por la continuidad en sus candidaturas para las elecciones generales. Carles Puigdemont y Oriol Junqueras ya han ungido a Míriam Nogueras y a Gabriel Rufián como sus apuestas de continuidad. Ambos parecen dar por hecho que tendrán enfrente una mayoría de PP y Vox, de manera que se podrán dedicar a la gesticulación sin ninguna implicación en la actividad legislativa. Quedarán bastante descolocados si lo que acaban teniendo es un PP con mayoría absoluta o un PSOE necesitado de apoyos. El independentismo no está, por ahora, muy clarividente en el análisis de los resultados del domingo. Lo que representa Nogueras no es lo que ha conseguido mejores resultados con la marca Junts en los municipios y lo que representa Rufián no casa con hacer alcalde a Trias en Barcelona. A Puigdemont y a Junqueras les cuesta mucho salir del marco mental del 1-O y ello puede llevar a sus organizaciones a pensar que la agitación les lleva a sus mejores momentos electorales cuando los dos principales cargos institucionales que conservan se sustentan precisamente en la moderación.  

Los partidos son y deben ser máquinas de conquista del poder político por la vía democrática. Por eso es normal que se convulsionen cuando ganan o pierden cuotas de poder. El análisis interno que hacen en estos momentos de convulsión acaba siendo decisivo para su futuro. Sánchez busca una última carambola que le permita seguir al frente de la nave hasta que encuentre acomodo europeo, mientras sus barones están en la pantalla de una travesía del desierto por una nueva etapa de hegemonía del PP. Un choque explosivo para afrontar una inminente campaña electoral.