Opinión |
Ágora

Agua y alimentos

Hay que planificar y priorizar adecuadamente para sostener las reservas necesarias para garantizar que el agua pueda llegar a los cultivos

Arranca el riego del arroz en el delta del Ebro

Arranca el riego del arroz en el delta del Ebro / Zowy Voeten

Francesc Reguant

Francesc Reguant

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Hemos leído con preocupación el escrito ‘Pensamientos de secano’ de Marta Guadalupe Rivera publicado el pasado 13 de mayo. El mencionado artículo expone correctamente la gravedad de la sequía. Remarca el cariz crítico de la alimentación. Señala el uso prioritario de los alimentos después del agua para beber. A la vez, manifiesta la fragilidad de la producción de alimentos, sometida a una diversidad de fenómenos climáticos, acentuados en el escenario de calentamiento global. Aun así, la estrategia que propone en respuesta a este escenario contiene algunos argumentos que no son correctos. 

El escenario ideal que la autora del artículo dibuja, si se adoptara, comportaría pobreza y una insuficiencia alimentaria muy grave. Es absurdo decir que avanzar en el riego eficiente provoca que aumente la superficie regada. No, el riego eficiente usa menos agua y lo que aumenta es la capacidad de producir más alimentos, uno de los objetivos clave en un escenario con fuertes tensiones en la seguridad de abastecimiento alimentario, tal como demuestran las sucesivas crisis de precios de los alimentos desde 2007. Es falso que la modernización de los regadíos suponga un gran consumo de energía renovable. Los canales, balsas y pantanos son una plataforma ideal para la producción fotovoltaica mucho más allá de las necesidades para proveer la energía de los sistemas de riego. Es falso que el regadío “acelera el abandono”, es justo lo contrario. Las comarcas de Ponent que regaron desde 1860 tuvieron siempre un destacable crecimiento de la población, las que no regaron perdieron hasta un 40%. Perder la objetividad en afirmaciones publicadas es poco adecuado, sobre todo en momentos sensibles.

Sin agua no hay alimentos. Y si no llueve el secano es el desierto del que nos habla Francesc Canosa en 'Agua en las venas' en referencia a las comarcas de Ponent antes del canal de Urgell. El año pasado, en secano, en plena sequía, tuvieron graves pérdidas de producción. En regadío, el año pasado, tuvieron unas cosechas normales, salvo otros fenómenos como por ejemplo las granizadas.  Este año en secano la producción será catastrófica. En regadío, a pesar de todo, si se hubieran hecho a tiempo las políticas adecuadas, también habría una buena producción.

Prudencia y eficacia

Hay que producir los alimentos que necesitamos y para hacerlo hay que gestionar el recurso agua -la materia prima para producir alimentos- con prudencia y eficiencia. Hay que planificar y priorizar adecuadamente para sostener las reservas necesarias para garantizar que el agua pueda llegar a los cultivos. El agua, tal como ha expuesto hace poco el secretario general de la ONU António Guterres, es necesaria para sostener nuestro bienestar vital, la vida natural y nuestra alimentación. Son tres prioridades clave. Aun así, idealizar hoy el secano, desde una posición académica, es una frivolidad y la realidad de hoy, no admite frivolidades.

Producir alimentos es una actividad compleja que, de manera ideal, tiene que ser una actividad sostenible, tiene que proveer alimentos suficientes para cubrir la demanda, tiene que producir alimentos asequibles para todo el mundo y tiene que garantizar unos ingresos dignos para los productores. Estos cuatro vectores no están alineados, por lo tanto, la resultante que optimice los cuatro objetivos no será la ideal desde un solo punto de vista sino la mejor de las realizables. Esta complejidad nos obliga a abandonar los dogmatismos y avanzar hacia realidades posibles. Y, sin duda, para producir alimentos hace falta agua gestionada eficazmente.