Opinión |
Propaganda electoral
Carles Francino

Carles Francino

Periodista

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Señales de humo

La campaña 'No en mi buzón', que ya viene de anteriores elecciones, no es tan relevante por la cantidad de sus seguidores, sino porque en cuatro años la cifra se ha multiplicado por 10

Una trabajadora de Correos reparte en Barcelona.

Una trabajadora de Correos reparte en Barcelona. / Ferran Nadeu

Igual suena ridículo apelar al olfato ahora que los datos son cribados por toda suerte de herramientas tecnológicas. Pero mi nariz me dice que no deberíamos archivar a título de inventario que casi un millón de personas se hayan borrado del INE para no recibir propaganda electoral antes del 28 de mayo. La campaña 'No en mi buzón', que ya viene de anteriores elecciones, no es tan relevante por la cantidad de sus seguidores -menos del 3% del electorado-, sino porque en cuatro años la cifra se haya multiplicado… ¡por diez!.

En el origen de esta renuncia colectiva se pueden apreciar razones de tipo económico, ya que en el buzoneo se invierten varios millones de euros; o ecológico y de simple sentido común: la paradoja de consumir montañas de papel cuando vivimos en una realidad digital en la que el sobre y la carta se antojan dinosaurios de la comunicación. Pero yo no me apeo del burro de pensar que, más allá de eso, bastantes -o muchos- de estos objetores postales están hasta la coronilla de los partidos y han decidido cortar amarras. Yo también lo estoy. Harto de su espectáculo diario a base de insultos, descalificaciones, ataques personales, argumentarios, egocentrismo, postureo, promesas… pero, sobre todo, harto de que nos tomen por imbéciles. Y esto no es un alegato contra la política, porque sé que la única alternativa a la política es la selva. O la guerra. Y tampoco es un ejercicio de equidistancia porque no todos cotizan igual en este mercado de la miseria. Pero creo que tenemos derecho a reclamar a quienes se dedican a tan noble -y necesaria- ocupación, que no la perviertan con sus neuras, sus fobias y su incompetencia.

Sé que los votos del próximo 28 de mayo darán la alternativa a un montón de personas que han decidido meterse en este lío por vocación de servicio, por defender unas ideas; y que se van a dejar la piel por mejorar la vida de sus ciudadanos. Estos -que ya los hay- son los que merecen la pena y quiero pensar que son mayoría. Pero los otros -y las otras- sobran. Ya podrían borrarse ellos del INE. Y dejarnos en paz. 

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