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Marta Rovira y Xavier Trias

Ni ERC ni JxCat renuncian a la independencia, pero la realidad les obliga a asumir que para no perder fuerza deben saber gobernar las instituciones

El exalcalde y candidato de Junts en las elecciones municipales de Barcelona, Xavier Trias.

El exalcalde y candidato de Junts en las elecciones municipales de Barcelona, Xavier Trias. / FERRAN NADEU

Joan Tapia

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Pasados cinco años desde la declaración unilateral de independencia (DUI), el independentismo mayoritario (ERC y JxCat) tiende, más allá de las palabras, a admitir dos cosas. Una, que la independencia no es viable a corto. Dos, que para mantener su implantación deben priorizar la gestión. Lo de estos días de Clara Ponsatí y Meritxell Serret indica que la judicialización de la política sigue, pero ahora sin el 'desgarro' de 2017. Son piedras en la 'conversión' a la gestión, pero no la impedirán porque ya es imposible (casi) que ninguna de las dos pise la prisión.

En ERC -mesa de dialogo- es donde se alumbró la 'conversión'. Y el ‘president’ Aragonès ha dicho que su objetivo a corto es pactar con el Gobierno de España un referéndum con cláusulas para su validez como el grado de participación y el de votos afirmativos. Invoca Montenegro (el voto sí debía alcanzar el 55%) y la ley de claridad canadiense. Hoy esta idea tiene poco recorrido porque, aparte de que Sánchez no la admite, tiene en contra, por motivos opuestos, a los dos otros dos grandes grupos parlamentarios, el PSC y JxCat. Y las encuestas, incluso las del CEO de la Generalitat, dicen que la independencia perdería el referéndum. Lo sustancial es que a corto ERC ha enterrado el unilateralismo y quiere gestionar Catalunya. A largo, lo dijo Keynes, todos muertos. 

Además, la secretaria general de ERC, exiliada en Ginebra desde 2018 y que es parte del trípode que dirige la formación (junto a Oriol Junqueras y Pere Aragonès) hizo el sábado unas declaraciones a Catalunya Ràdio que no han sido bien valoradas. Marta Rovira, a la que algunos sitúan en el ala republicana más radical, fue más allá que Aragonès y Junqueras al afirmar que, si bien el referéndum de 2017 fue muy relevante porque mostró la fuerza del independentismo, no tuvo la suficiente legitimidad interna porque el Govern no supo conectarlo con una parte de la sociedad catalana. Supongo que se refería a la del área metropolitana. Pero que su gran propagandista diga ahora que no tenía suficiente legitimidad interna… Y añadió que tampoco tuvo suficiente impacto internacional pues ningún país reconoció la independencia catalana. Por eso abogó por “corregir lo que convenga”. 

Rovira dice que el referéndum no tuvo la suficiente legitimidad interna y la campaña de Trias no levanta la ‘estelada’ sino que busca el voto contra Colau y se abre a pactos diversos

ERC no renuncia a una independencia futura, que sigue siendo la principal motivación de su militancia, pero admite que la independencia a corto es imposible y que deben gobernar bien para ganar más apoyo popular. Y no es fácil porque están en minoría (33 diputados sobre 135), han aprobado los presupuestos gracias al PSC y afrontan problemas urgentes e inmediatos como la sequía

Se objetará que esta 'conversión' pragmática -no doctrinal- es solo de ERC y que JxCat enarbola la legitimidad del 'president' Puigdemont. Y Josep Rius, influyente dirigente de Junts, contestó de inmediato a Rovira diciendo que estaba haciendo lo que no logró la policía que envió Rajoy para reventar el 1 de octubre. Vale, pero de la teoría a la práctica… hay un trecho. Y Junts y la antigua CDC -desde Jordi Pujol al propio Puigdemont- están apoyando la candidatura de Xavier Trias a la alcaldía de Barcelona. Para ganar Trias no levanta la ‘estelada’ sino el voto contra Colau. Y para gobernar el ayuntamiento se dice dispuesto a pactar tanto con ERC como con el PSC. Ha afirmado que es independentista, pero que no la cree viable a corto y que Puigdemont le dijo que su obligación era ganar las elecciones en Barcelona.

No es teoría. La Diputación de Barcelona, presidida por Núria Marín, está gobernada desde hace años por un pacto PSC-JxCat. Puigdemont tiene su lado pragmático, pero tras el referéndum optó por el exilio. Por eso su aterrizaje es más complicado porque, al contrario que Oriol Junqueras, Jordi Turull y Jordi Sànchez, no puede ser indultado. O su indulto sería más ‘barroco’. Pero los equipos de Junts y CDC, que son circunferencias secantes, quieren volver a gobernar. Sin obedecer a ERC y por eso -dicen- salieron del Govern. 

ERC y Junts se pelean por la ‘estelada’, pero con sus hechos están diciendo que compiten por mandar en la Generalitat, las diputaciones y los ayuntamientos. La doctrina permite todos los discursos. La realidad les fuerza, cada día un poco más, al pragmatismo. ¿Está mal?  

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