Cumbre bilateral
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Xi se cita con Sánchez

Para ocupar la posición de mediador China no solo necesita un plan, sino encontrar interlocutores

pedro sánchez y xi jinping

pedro sánchez y xi jinping

El próximo viaje a China de Pedro Sánchez a requerimiento de Xi Jinping está íntimamente relacionado con el hecho de que España ocupará la presidencia de turno de la Unión Europea y con la búsqueda por el presidente chino de interlocutores dispuestos a reflexionar sobre los pormenores del plan de doce puntos presentado el 24 de febrero para detener la guerra en Ucrania. El Gobierno chino deja claro que da por amortizada la presidencia de Suecia con esta maniobra diplomática a renglón seguido de la visita de Xi a Moscú y del afianzamiento, siquiera sea de palabra, de la alianza estratégica con Rusia. En el empeño chino de ejercer como mediador global, Suecia es un país demasiado cercano a la amenaza rusa que, además, tiene empantanado su ingreso en la OTAN por la oposición explícita de Turquía y la disimulada de Hungría.

El desplazamiento del presidente del Gobierno se producirá después del de Olaf Scholz hace unas semanas y antes del previsto de Emmanuel Macron en abril, producto de la doble estrategia china: abrir una vía de comunicación razonablemente sólida con la Unión Europea a través del país que la presidirá a partir del primero de julio y, al mismo tiempo, sacar el máximo partido posible a la influencia en el desarrollo de los acontecimientos del eje franco-alemán que, con todas las limitaciones que se quiera, es el núcleo duro de los Veintisiete. Dirigido todo a buscar una alternativa a la dirección de Estados Unidos en la estrategia general desplegada por Occidente en la guerra de Ucrania.

Resulta excesivamente alambicado buscar otra explicación a la cita de Sánchez en Pekín. Los intercambios bilaterales hispano-chinos rondan los 40.000 millones de dólares, una cifra importante, pero relativamente pequeña para un país del que proceden el 14% de las exportaciones a escala mundial. Tampoco figuran las empresas españolas entre las de mayor inversión en China y la presencia de capital chino en España no tiene las dimensiones de otros paises de la UE. Y en ningún caso las relaciones se ven muy afectadas por el proteccionismo aplicado por Estados Unidos a los productos chinos.

Para ocupar la posición de mediador, sin otro competidor posible toda vez tanto EEUU como la UE se han implicado sin más que limitación que la no beligerancia en apoyo de la independencia de Ucrania, Xi necesita además dar con interlocutores dispuestos a escuchar. Washington no lo es: no ve en el plan de paz más que una propuesta útil al invasor, que neutraliza el esfuerzo militar de Occidente para ayudar a Ucrania y que persigue saldar la guerra con la consolidación rusa en los territorios ocupados. Ese es al menos el argumentario estadounidense, bastante diferente al de algunas voces que en Europa, de forma más o menos clara, sostienen que es necesario dar una oportunidad a una iniciativa de paz.

Que la gestión pequinesa de Sánchez dé frutos concretos es harina de otro costal. El enrarecimiento del clima político entre Rusia y la UE y la consolidación del bloque atlántico es tan evidente, resulta tan manifiesta la voluntad rusa de dañar la unidad europea mediante aliados oportunistas –Hungría, Bulgaria y algún otro– que es difícil que todo pueda ir más allá de las buenas palabras y de algún acuerdo bilateral de naturaleza económica. El alto el fuego aún está muy lejos.