Opinión |
Personas mayores
Gemma Altell

Gemma Altell

Psicóloga social. Fundadora de G360.

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La brecha de los cuidados, la brecha salarial

La diferencia de horas dedicadas a la atención a los más vulnerables aún es descomunal entre hombres y mujeres

Reportaje familiares que cuidan de sus mayores.

Reportaje familiares que cuidan de sus mayores. / David Castro

Cuando reivindicamos la necesidad de poner en el centro de la vida los cuidados a las personas, los imaginarios que muestran los medios de comunicación suelen transmitir una imagen idealizada de estos cuidados: personas jóvenes (básicamente mujeres blancas) cuidando retoños de corta edad en entornos idílicos y siendo felices al hacerlo. Como mucho se consigue evidenciar la carga que supone para las mujeres ocuparse –mayoritariamente– del cuidado del hogar y de los hijos/as y la carga mental asociada a ello. Sí, aunque parezca que 'ya no', aún son descomunales las diferencias en términos de horas dedicadas al cuidado de otras personas por parte de hombres y mujeres en los hogares.

Sin embargo, esta es la cara más 'blanqueada' de cómo se sustentan los cuidados en la mayoría de sociedades occidentales. El cuidado de la infancia es el más bien recibido y por ello el más mostrado, pero lo cierto es que en una sociedad que va envejeciendo cada vez más –por un lado, por los avances médicos, y por otro, por el modelo imposible en el que sostener económicamente una vida hace muy difícil sostener personas a cargo y, por consiguiente, decidir tener hijos/as– el tiempo y tareas de cuidado principales están orientadas, cada vez más, al cuidado de las personas mayores.

La paradoja que nos vamos encontrando es: cada vez más mujeres (especialmente), pero también hombres, optan por modelos de vida donde no entra en sus planes tener prole; a veces por decisión personal, pero otras por la dificultad de asumir los cuidados en un modelo neoliberal como el actual. Sin embargo, los cuidados a las personas mayores se van incrementando progresivamente pero han sido invisibilizados.

Ante esta situación, la realidad subraya dos escenarios distintos que, si bien nos muestran cómo los cuidados recaen siempre en las mujeres, nos plantean dos problemas diferentes. En primer lugar, ante el mandato social de que las mujeres debemos responsabilizarnos del cuidado, muchas toman la decisión de reducir su jornada laboral o abandonar el mercado laboral para cuidar a sus mayores. Esta situación, además de la responsabilidad casi en exclusiva que supone y del impacto en sus vidas personales, también afecta a su poder adquisitivo. Es importante señalar, pues, que la brecha salarial entre mujeres y hombres se alimenta de situaciones de este tipo: mujeres que reducen sus ingresos por cuidar.

Pero en segundo lugar, tenemos una realidad más compleja y hiriente que son las familias que pueden 'permitirse' externalizar esos cuidados por tener una situación económica más acomodada. Este escenario acaba produciendo otra brecha salarial de género porque estos cuidados acaban siendo asumidos por mujeres (de nuevo) mayoritariamente migrantes, en situaciones laborales y habitacionales precarias, con ingresos muy bajos. Aquí la brecha salarial emerge justamente de encontrarnos ante la minusvaloración económica de los cuidados como todos los ámbitos profesionales feminizados.

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