Opinión |
Gárgolas | Artículo de Josep Maria Fonalleras

La pura generosidad de Jaume Subirana

Son casi 40 años de una actividad continuada y discreta, permanente y nada estridente

Barcelona 27.09.2021 Cultura Detalle de la librería Finestres. Fotografía de Jordi Cotrina

Barcelona 27.09.2021 Cultura Detalle de la librería Finestres. Fotografía de Jordi Cotrina / Jordi Cotrina

Josep Maria Fonalleras

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Una vez en la vida (no mucho más), el poeta experimenta la necesidad de recoger toda su producción y, llegado a una cierta edad, confeccionar lo que llamamos “obra completa”. Reúne todos sus versos, quizás descarta alguno, quizás cambia alguna rima, quizás añade un inédito. En otros casos, el poeta traba una elección, lo que conocemos como 'selected poems'. Es decir, él mismo elige los poemas (“cada poema, un pescado en la cesta”) que acabarán configurando un recorrido, un paseo por su vida y sus libros, creando “un libro nuevo, el libro de siempre”. Esto es lo que acaba de hacer Jaume Subirana en Edicions Vitel•la, con los poemas escogidos que se agrupan bajo el título de 'Una hora curta'.

Las citas son suyas y podría ofrecer unas cuantas más, tanto de los poemas como del espléndido epílogo que cierra el volumen y expresa con claridad su poética. Son casi 40 años de una actividad continuada y discreta, permanente y nada estridente, como la del pescador (él lo es, además de profesor y traductor) que tiene paciencia y constancia y que, mientras espera, mientras ordena los utensilios, dialoga con la naturaleza y piensa en el anzuelo con el que conseguirá retener la pieza. O el poema.

Este es un libro importante. Por lo que significa de consolidación y madurez, porque nos viene a decir que Subirana es uno de los grandes, porque lo expresa sin fuegos artificiales, con la conciencia de la forma como "colaboradora" necesaria para describir el paso del tiempo, la quietud y la inquietud, el vínculo con la tradición, la fugacidad y la permanencia. Es un libro de una extrema pulcritud, una recopilación que bebe del clasicismo y nos regala unos versos cincelados con delicadeza y precisión. Habla de la poesía y de su poesía, la que le gusta y la que le gusta hacer: "Simplicidad, fraseo perfecto, una familiaridad persistente y cada vez sugerente". Un diálogo, de hecho, como él mismo reconoce, entre el artista y el receptor. Hablando de un disco de Ella Fitzgerald y Joe Pass, nos explica que cada vez que volvemos a escucharlo, “creamos en una larga conversación sostenida en el tiempo, una conversación que de algún modo rehace su forma, y crece o se mantiene también gracias a nosotros”. Subirana nos invita a entrar en una habitación en la que cada uno de los muebles tiene un sentido. Y nos habla de la serenidad (“pura generosidad” diría Jordi Cornudella) que experimentamos cuando nos la apropiamos y la habitamos.

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