
Escritor.
Estar bien y mal
Cuando preguntas a alguien qué tal está, en el fondo solo le estás pidiendo que te diga que está bien y que olvide los detalles

El escritor Salman Rushdie. / EFE
Cuando te preguntan cómo estás, y muchas veces dices «Estoy bien», todo el mundo sabe qué estás diciendo: nada. Pero «Bien» es una palabra especialmente corta y útil para quitarse de encima una pregunta, por lo demás, inabordable, quizás imposible. Decir realmente cómo estás te llevaría horas, y, en última instancia, al final de la respuesta, la conclusión es que estarías bien y mal al mismo tiempo. Y eso es muy difícil de hacer entender. Nuestra relación con las contradicciones no es del todo pacífica. A menudo nos sentimos culpables, o inútiles, o unos impostores por situarnos en polos opuestos a la vez. Pero estar bien y mal es quizás la única verdad que podemos contar sobre nuestro estado.
Pensé en ello al leer la primera entrevista concedida por Salman Rushdie, después de recibir doce puñaladas hace seis meses. En un momento del encuentro, David Remnick, director de la revista 'The New Yorker', le pregunta cómo se encuentra de ánimo. «Bueno, ya sabes, he estado mejor. Pero, considerando lo que pasó, no estoy tan mal» responde Rushdie, que, como consecuencia directa del ataque, perdió la visión de un ojo, cierta movilidad en músculos de la cara, y parte de la sensibilidad de una mano, además de sufrir trastorno por estrés postraumático.
Existe una fuerza interior que te empuja a resumir tu estado en un «Bien», y a detenerte ahí, para no tener que entrar en los detalles que, inevitablemente, llevarán del bien al mal. En otro momento de la entrevista, Rushdie explica que, pese a la ausencia de sensibilidad en las yemas de los dedos, puede escribir; simplemente, lo hace más despacio, lo que hace creer que las cosas van a mejor. Pero el autor se refiere, en realidad, al hecho de teclear. Cuando se sienta a escribir «no pasa nada». Escribe, pero el resultado «es una combinación de vacío y basura» que «borro al día siguiente».
Cuando preguntas a alguien qué tal está, en el fondo solo le estás pidiendo que te diga que está bien y que olvide los detalles, que solo van a servir para recordarte que tú, que también estás bien, en realidad están al mismo tiempo fatal.
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