Mundial de Qatar Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La medida del fútbol español

La selección no se ha asentado en un indiscutible primer nivel tras el éxito de hace 12 años. Pero se abre un nuevo ciclo con una joven generación

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Luis Enrique animando a sus jugadores tras la eliminación en octavos de final del Mundial

Luis Enrique animando a sus jugadores tras la eliminación en octavos de final del Mundial / REUTERS/Wolfgang Rattay

Nadie, ni las selecciones que coleccionan una estela de estrellas de campeón del mundo sobre el escudo de su camiseta, puede considerar que el éxito en unos Mundiales de fútbol se mide por lo que sucede en una final, o en su antesala. El umbral que marca la frontera entre la decepción y el trabajo bien hecho quizá se sitúe en los cuartos de final, situarse entre los ocho mejores equipos del campeonato. La barrera donde tantas veces se había quedado la selección española. Pero esta vez no se ha llegado hasta allí. La eliminación en octavos de final del equipo dirigido por Luis Enrique ante un equipo situado en el lugar 22 del ránking de la FIFA es un fracaso, tanto por las expectativas frustradas como por la imagen de más a menos que ha ofrecido durante la competición, con el precedente de un tropiezo ante Japón a pesar de la engañosa exhibición ante la débil Costa Rica, que debería haber servido como un serio aviso.

No parece que lo tomase como tal el entrenador, fiel a sus ideas, a sus filias y fobias, impermeable a las presiones. Algo que le ha permitido capear sin dejarse influir por quienes renegaban de una selección con demasiado componente barcelonista pero que le ha llevado a dejar fuera de su lista a la mayor parte de los nueves con acreditada efectividad goleadora, a los que quizá finalmente haya echado a faltar, y que se ha reflejado también en una falta de flexibilidad a la hora de adaptar su esquema al contrario y de ajustar sus onces titulares al estado de forma y el rendimiento de sus jugadores de primera opción.

La fuerte personalidad de Luis Enrique le ha permitido sortear el enrarecido ambiente institucional del fútbol español. Pero su voluntad de ejercer de líder del grupo, para lo bueno y para lo malo, ha tenido también otra consecuencia que se ha hecho notar en el campo. La ausencia de liderazgo (más allá del silencioso de veteranos como Busquets) sobre el césped en los momentos clave, como los del partido de este martes. 

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Tras la primera victoria en un Mundial en su historia, la de Sudáfrica de 2010, parecía que España subía definitivamente en las competiciones un escalón, hasta el nivel de las escasas selecciones que podían lucir un campeonato del mundo. Pero los tropiezos en las dos últimas citas, y el aún más claro de Qatar, dejan claro que aún debe mirar hacia arriba para medirse con combinados como los de Brasil, Argentina, Francia, con jugadores de referencia de los que carece España, o una renovada Inglaterra. Algo muy distinto a la posición de los equipos de la Liga española en las competiciones continentales de clubs, gracias a la importación de talento, algo que sin embargo las fragilidades económicas de algunos clubs de referencia puede poner (o están poniendo ya) también en cuestión.

Algunos fracasos marcan un fin de ciclo, y algunos éxitos señalan el inicio de uno nuevo. El Mundial de Qatar, para evaluar lo positivo de la experiencia, ha visto la primera aparición internacional de una nueva generación, un equipo extremadamente joven lleno de grandes proyectos de jugadores que puede seguir creciendo en los próximos años. También la despedida de algunos veteranos venerables. Falta ver si también marca el final de ciclo de un entrenador que tras la eliminación dejó muy abierto su futuro.