Desperfectos | Artículo de Valentí Puig Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Entre misiles y drones

La precipitación de Ucrania recuerda en parte a la crisis de los misiles en Cuba. El mundo estuvo unos días en el filo de la navaja. En prueba de que sin soluciones definitivas no va mal un apaño, el mundo respiró

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El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. / Europa Press

Ucrania envía drones contra bases militares en suelo ruso, Rusia lanza misiles contra Ucrania y los Estados Unidos revelan que los lanzamisiles donados al Ejército ucraniano tenían bloqueada la capacidad de alcance para que–como es condición permanente de Washington- no pudiera ser usados contra Rusia fuera de territorio ucraniano. La catástrofe ucraniana se acelera, con máximo riesgo, entre la espada y la pared, aunque a veces eso precipita los acuerdos. Tal vez para mostrar su enfado con los contactos bilaterales entre los Estados Unidos y Rusia en el tanteo de una tregua, Zelenski ostenta su impaciencia y parece incomodar a la Casa Blanca con exigencias maximalistas. También se ha negado a nombrar un fiscal anticorrupción estando Ucrania inmediatamente por debajo de Rusia en los índices de corrupción. Con la distancia de un mapa Google, la precipitación de Ucrania recuerda en parte a la crisis de los misiles en Cuba, en 1962. El mundo estuvo unos días en el filo de la navaja. En prueba de que sin soluciones definitivas no va mal un apaño, el mundo respiró.

No es una coincidencia que después de hablar con Joe Biden en Washington, Emmanuel Macron haya dicho que, para acabar con la guerra de Ucrania, Occidente ha de dar respuesta a las necesidades de Moscú en cuanto a seguridad. Se trata, evidentemente, de la OTAN y del despliegue armamentístico. Josef Joffe, un analista alemán de gran sensatez, resume la situación: “Putin no debe ganar pero Zelenski no debe ganar demasiado”. 

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