La espiral de la libreta Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Edmundo Bal, el ego y el espacio liberal

Más bien, parece que en Ciudadanos ha estallado el sálvese quien pueda

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Edmundo Bal, el ego y el espacio liberal

A la luz indecisa del atardecer, esa hora que los franceses llaman entre el perro y el lobo, salgo a un recado y, de paso, a tirar la basura. En dirección contraria, se aproxima un matrimonio entre la mediana edad y la jubilación con una disputa civilizada entre manos. Cuando nos cruzamos, el hombre clava los zapatos sobre la acera como una mula terca, negándose a dar un paso más, al tiempo que le suelta a la mujer: «¡Y yo soy yo!». Acto seguido, se reafirma ajustándose las gafas en el puente de la nariz. Me quedaría con gusto metiendo baza en la agarrada si no fuera porque nadie me ha dado vela en el entierro y porque llevo una bolsa de basura en la mano, así que avanzo hacia el contenedor sintiendo una íntima complicidad con el caballero. Sí, señor: en ocasiones, hay que plantarse. Yo soy yo, y no me toquéis más los bemoles. Uno cede, se deja llevar al huerto, contemporiza por tener la fiesta en paz y, al final, te toman la cabellera. Sanseacabó. Apostaría a que la pareja estaba intentando cuadrar el rompecabezas navideño de quién almuerza en casa de quién, vadeando cuñados y viejas rencillas familiares.

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Sin ego, no hay identidad ni rumbo. Se necesita para sobrevivir en toda suerte de selvas. Pero a ciertos especímenes, abundantes entre la clase política, se les va la mano en la fabricación de fortificaciones defensivas y delirios de grandeza. Espejito, espejito, ¿quién es el más bello? Sabemos del elevadísimo concepto de sí mismo que gasta Pablo Iglesias. El otro día, Pedro Sánchez se pasó de frenada hablando de su encumbramiento en la posteridad, no por una sola hazaña, sino por varias, con lo que habrá que ponerle un altillo a la Historia para estar aún más arriba. El ego de Feijóo todavía lo están peinando.

Mangas verdes

A todo esto, Edmundo Bal, también encantado de conocerse, pretende arrimar a Inés Arrimadas, presentando una candidatura sorpresa a las primarias de Ciudadanos. En realidad, un sálvese quien pueda: no parece que el partido naranja vaya a rascar más de un escaño en la próxima contienda electoral, de manera que el pulso se antoja claro: o Arrimadas o él. Sin embargo, Bal asegura que su objetivo no es otro que el de «dar un nuevo impulso al espacio liberal en España». ‘Too late’, a buenas horas, mangas verdes. Ciudadanos perdió esa oportunidad por falta de andamiaje —más estrategia que carnet de identidad— y por un exceso de ego de su fundador, Albert Rivera. Cometió un grave error tras las elecciones de abril de 2019, al no ofrecerse públicamente desde el principio a negociar con el partido más votado, el PSOE. Quiso ir muy deprisa, sin acordarse de la canción aquella de Rubén Blades, ‘Pedro Navaja’. «Si naciste ‘pa’ bisagra, del cielo te caen los clavos».