Artículo de Ruth Ferrero-Turrión Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Cónsules honorarios: una pieza más del poder blando ruso

Desde la llegada al poder de Putin, Rusia ha ido construyendo estrategias de poder blando que operan con una estrategia que busca la mayor eficacia con el menor coste

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 El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un acto este viernes en Moscú.

El presidente ruso, Vladímir Putin, durante un acto este viernes en Moscú. / MIKHAIL METZEL / KREMLIN POOL (EFE)

En 2004 Joseph Nye, en su libro 'Soft Power: The Means to Success in World Politics' definía el poder blando como la capacidad de influir en las preferencias de otros actores a través de la cooptación y la atracción en lugar de mediante la fuerza o la amenaza de la fuerza. Así, planteaba que todas las grandes potencias poseen un poder blando que deriva de tres tipos de recursos: la cultura, los valores políticos y la política exterior

Y Rusia no es una excepción. Históricamente, el poder blando de Rusia se ha ejercido de manera intensa en el marco del espacio postsoviético, es decir, ahí donde la capacidad de atracción de las elites hacia la esfera de influencia rusa ha sido sustantiva. La opción de un sistema político alternativo al de las democracias liberales que permitía a elites políticas y económicas mantener sus cuotas de poder junto con el uso del ruso como lengua franca de la zona permitió a Moscú desplegar este poder blando. 

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Más allá del espacio postsoviético y a sabiendas de que su poder económico y capacidad de influencia en la esfera global era mucho menor que el de China y EEUU, Rusia ha intentado competir con ellas a través del despliegue de un poder blando de 'presupuesto limitado' y controlado por el Estado, que consiguiera ejercer de contra-poder frente al discurso y relato hegemónico de EEUU. Así, desde la llegada al poder de Putin, Rusia ha ido construyendo estrategias de poder blando que operan con una estrategia que busca la mayor eficacia con el menor coste. Así, ha utilizado la microfocalización para alcanzar una mayor influencia en política exterior. El objetivo principal no es el de alcanzar a grandes audiencias, sino solo a aquellos grupos que pudieran ser más receptivos a las narrativas estratégicas rusas, que se articulan sobre cuatro pilares fundamentales: la historia y la cultura rusas, el legado soviético, la ideología y Gobierno actual, basado en el conservadurismo moral, la gobernanza iliberal y un fuerte liderazgo, así como su acción exterior. El conservadurismo moral ruso, con su defensa a ultranza de los valores cristianos, junto con el estilo autocrático del Kremlin han sido fuente de inspiración para líderes de las derechas radicales de todo el mundo, pero especialmente en Europa, algo que, no se puede negar, funcionó al menos hasta la invasión rusa de Ucrania. 

Y para que todo esto operara con relativa fluidez, ha sido necesario que el Estado ruso reactivara de manera contundente su despliegue diplomático, tanto en lo que hace al despliegue de una diplomacia económica proactiva a través de corporaciones estatales. como Rosatom y Gazprom, como a través de una diplomacia pública dinámica, destinada a promover intereses y valores entre las opiniones públicas, pero también a hacer negocios, y de ello se han encargado, en buena medida, los cónsules honorarios.