ENTREVISTA

Ignacio Álvarez-Ossorio, arabista: "Mundiales de la 'vergüenza' han sido todos, no solo el de Qatar"

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Entrevista a Ignacio Álvarez-Ossorio , catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la UCM. 

Entrevista a Ignacio Álvarez-Ossorio , catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la UCM.  / David Castro

Los 220.000 millones de dólares –el equivalente a casi la mitad del PIB de España– que el emir Tamim bin Hamad Al Thani se ha gastado en poner a Qatar en el mapa se han visto ampliamente 'recompensados' con una torrencial lluvia de críticas hostiles. En el ensayo 'Qatar. La perla del Golfo' (Península), Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid trata de ofrecer un retrato "objetivo" del país anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA, sin omitir la denuncia del trato a los trabajadores asiáticos y otros atropellos a los derechos humanos.

Qatar 2022 pasará a la historia como el 'Mundial de la Vergüenza'. 

'Mundiales de la vergüenza' han sido todos, o casi, pero nunca se había desatado una campaña de descrédito semejante. Nadie dijo nada en los JJOO de invierno de Pekín, en un país donde la población uigur musulmana está recluida en campos de reeducación. Tampoco en el Mundial de Rusia, que ya había invadido Crimea, dirigido la limpieza étnica contra la población tártara y persigue a la población LGTBI+. A Qatar se la dibuja como si fuera la gran bestia negra de la región, cuando es un país cuya Constitución aboga por la diplomacia para resolver los conflictos.

Un aprobado en defensa de los derechos humanos no saca. 

Vaya por delante la condena a todas las violaciones de derechos humanos, en especial la explotación de los trabajadores. En los cinco países de la región viven 30 millones de trabajadores asiáticos bajo el régimen de la 'kafala' [modelo de explotación laboral que permite monitorizar a los trabajadores migrantes], el 10% de ellos en Qatar, que eliminó la práctica en 2019.

¿Cómo explica la beligerancia?

Hay una campaña organizada por rivales de la región, como Arabia Saudí, que ha intervenido militarmente en Yemen –causando cerca de medio millón de muertos–, tiene miles de presos políticos y activistas en las cárceles y los trabajadores son más explotados aún que en Qatar, porque no tienen siquiera un sueldo mínimo. ¿Alguien levanta la voz ante la Supercopa de España de Fútbol que se celebrará en enero en Arabia Saudí?

"¿Alguien clama contra la Supercopa de España de Fútbol que se celebrará en Arabia Saudí?"

No tanto.

En Qatar ha habido un fuego cruzado de factores. Primero, por las sospechosas condiciones en las que salió elegida en 2010, frente a la todopoderosa EEUU, lo que hizo que la prensa de Reino Unido –que guarda una relación estrecha con grandes inversiones por parte de algunos países del Golfo– se convirtiera en altavoz de las críticas. Y luego está la rivalidad con casi todos sus vecinos –Arabia Saudí, Emiratos y Baréin–, envenenada aún más por su postura en la cuestión iraní. Para Qatar es vital una relación de buena vecindad porque comparte la explotación de la tercera mayor bolsa de gas del mundo.

Habla de servidores que echan chispas al servicio del descrédito.

Emiratos e Israel han apostado por el 'autoritarismo digital', utilizando las redes sociales y granjas de 'bots' para difundir sus narrativas y desprestigiar a Qatar, que es el único país con músculo económico que sigue respaldando la cuestión palestina. Arabia Saudí era el tercero, pero la presencia en la inauguración del príncipe heredero, Mohammed Bin Salman, indica que la relación se ha suavizado.

"Emiratos e Israel han puesto granjas de 'bots' al servicio de empañar la imagen del país"

¿Cuál es la raíz profunda de la lucha vecinal?

Qatar es un país pequeño que había estado bajo la tutela de Arabia Saudí, hasta que Hamad Bin Khalifa Al Thani, padre del actual emir, planteó una política autónoma a través de una serie de mediaciones diplomáticas y el lanzamiento de la plataforma Al Jazeera. Las relaciones con EEUU se intensificaron, mientras que las de Arabia se resintieron tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. El emir Tamim ha sido el primer dirigente árabe recibido por Joe Biden en la Casa Blanca.

Giovanni Infantino, presidente de la FIFA, durante la rueda de prensa en la que abroncó a la prensa internacional.

/ JOSÉ MÉNDEZ / EFE

El emir Tamim se ha dejado 220.000 millones de dólares. ¿Cómo le habrá sentado la mala prensa?

Sospecho que muy mal. No esperaba nada por el estilo. La bronca que echó Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, a los medios de comunicación en vísperas de la inauguración ["lo que los europeos hemos hecho durante los últimos 3.000 años, deberíamos disculparnos por los próximos 3.000 años antes de comenzar a dar lecciones"] reflejó el disgusto del emir. No se esperaban nada por el estilo. Lo sorprendente es que no se haya gastado 100 millones en una campaña para contrarrestar los ataques.

"La bronca que echó Gianni Infantino a la prensa en vísperas de la inauguración reflejó el disgusto del emir" 

Amnistía Internacional pide que indemnicen a las familias de los 6.500 trabajadores fallecidos en las obras. ¿Salvaría algo los muebles?

Sería un paso en la buena dirección. Probablemente no lo harán, por no reconocer su responsabilidad en la explotación de los trabajadores, de los que, por cierto, se han beneficiado muchas constructoras europeas que tienen grandes inversiones en el país.

¿Qué les subrayaría a esos constructores europeos?

Que seguimos manteniendo una visión colonial. Recurrimos a tres o cuatro estereotipos, normalmente descalificadores, para perpetuar una imagen negativa del mundo árabe. En términos políticos, Qatar es un régimen autocrático, pero no es un estado policial.

Sin contestación interna. ¿hasta cuándo podrá comprar la paz social?

Mientras siga manando petróleo y gas –y hay reservas para 200 años más– y repartan el maná entre los 300.000 ciudadanos catarís.

Y el colectivo LGTBI+, sin salida a la vista.

Me temo que no. En Qatar no solo impera la 'sharía' –la ley islámica–, sino una de las lecturas más rigoristas –la wahabí–, y eso no va a cambiar. Pero han realizado avances muy significativos para las mujeres. Hay tres en el Gobierno y casi dos terceras partes de los universitarios son chicas.

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Una crítica, para que no le acusen de 'blanqueador'.

El intento de los emires de tener tanto protagonismo en los terrenos diplomático, económico y político ha generado mucha animadversión en la escena regional y también internacional. Quizá demasiada ambición.