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Reloj, no marques las horas

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Reloj, no marques las horas

Uno de los análisis más habituales entre los comentaristas del Mundial es diversificar las características de los árbitros entre dos opciones: los de 'la vieja escuela' y los más proclives a seguir las nuevas directrices de la FIFA. Se refieren, especialmente, al tiempo añadido en las dos partes. En muchos de los partidos disputados hasta ahora, hemos visto cómo sumaban tantos minutos al tiempo reglamentario que el extra se llegaba a parecer a la primera mitad de una prórroga encubierta. Pero también ha habido encuentros 'normales', es decir que no han excedido de los cinco minutos suplementarios, aunque cinco ya son mucho en relación a lo que estábamos habituados.

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Se empieza a instalar pues (ya que el Mundial también funciona como banco de pruebas de criterios arbitrales) la idea que los partidos tenderán a ser más largos de lo que solían. El hecho que la calificación técnica se concrete en un ser “de la vieja escuela” (casi como un sinónimo de anticuado) implica que la novedad temporal puede no ser solo una moda pasajera de este Mundial tan raro, sino que el criterio va a consolidarse en las competiciones domésticas. El gesto de alzar la mano izquierda y señalar el reloj de pulsera con la derecha, de forma concluyente y amenazadora, dejará de ser un brindis al sol para convertirse en una amenaza cierta.

Debe ser por eso (o porque el Mundial tiene otras reglas, consustanciales a su esencia, un material condensado, la espesa acumulación de momentos críticos) que los futbolistas pierden menos tiempo. Saben, a estas alturas, que el teatro más o menos explícito será sancionado con minutos de más. El problema será explicárselo a todos los que no han sido mundialistas. Podrían empezar por el bolero de Los Panchos. “Detén el tiempo en tus manos”, decía, mientras se pedía al reloj que no marcara las horas para retardar el adiós de la amada. Aplicado a los colegiados, y sin romanticismo de por medio, podría decirse que ha empezado la era de los hacedores de la sucesión de las cosas y las estaciones, pequeños Cronos de negro y con silbato.