Artículo de Joaquim Coll Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿Catalunya va peor con autogobierno?

Una vez que el ‘procés’ está muerto y enterrado urge una reflexión sobre la calidad de nuestras instituciones autonómicas para que no sean un freno al desarrollo de la sociedad catalana

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¿Catalunya va peor con autogobierno?

Leonard Beard

En contra de lo que el discurso nacionalista alienta, a Catalunya le ha ido muy bien en términos de población y riqueza desde el siglo XVIII hasta la muerte del dictador Francisco Franco. Es una paradoja que, como ha escrito Benito Arruñada, catedrático de organización de empresas de la UPF, “Catalunya ha podido crecer más en los períodos en que ha tenido menos autonomía política”. En un documentado artículo en 'Letras Libres' ('El lastre del pactisme: por qué Catalunya va peor con autogobierno', septiembre de 2022), Arruñada explica que el mayor desarrollo demográfico y económico catalán se ha producido bajo un modelo de Estado centralista, pues a lo largo de esos casi dos siglos y medio los años de autogobierno son breves. Concretamente, se limitan a escasas dos décadas, primero, con la protoautonomía que se experimentó bajo la Mancomunitat (1914-1925) y, después, durante la breve etapa de la Generalitat republicana (1931-1939). 

Así pues, el desarrollo económico y demográfico más relevante se ha producido bajo un modelo centralista del que, paradójicamente, Catalunya salió muy beneficiada. No podemos saber qué hubiera ocurrido si, tras la guerra de sucesión a la Corona española en 1714, Felipe V no hubiera suprimido las instituciones medievales de autogobierno, pero lo que sí sabemos es que tras las reformas de los Borbones y a lo largo del siglo XIX la población catalana pasó de estar estancada alrededor del 7,2% a representar el 10,4% sobre el conjunto español. Y que entre 1940 y 1980, pese a la Guerra Civil, la dura posguerra y la dictadura, la cifra subió más de cuatro puntos, hasta el 15,8%. En términos económicos, el despegue fue aún más espectacular. Si hasta 1714, Catalunya producía un PIB clavado a su escasa población (7,4%), en 1910 ya representaba el 20,2% de España. La riqueza catalana per cápita doblaba en esa fecha y durante las décadas siguientes la media española, muy por encima de la capital, Madrid. Sin embargo, desde 1980 hasta 2020, se ha producido un leve crecimiento relativo de la población, hasta el 16,3%, mientras el PIB de Catalunya ha caído hacia el 19%, aunque lo más desatacado es que la renta per cápita se sitúa ahora solo un 118,4% por encima de la media nacional, por debajo de Madrid, que alcanza el 136,7%, con el País Vasco y Navarra también por delante.

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No se trata de llegar a la conclusión de que sería mejor volver al centralismo, pero sí preguntarse por qué razón el autogobierno desde 1980, con un nivel de competencias como nunca se había tenido antes, no ha servido para que Catalunya mejore sustancialmente en crecimiento demográfico ni tampoco para evitar que su peso económico en España haya ido a menos. El éxito de Barcelona a partir de 1992, por ejemplo, no es atribuible a la Generalitat, sino a las políticas urbanas municipales. Además, lo sucedido desde que estalló el 'procés' invita a suponer que parte de ese retroceso económico se debe a un mal uso de la autonomía política. También a una cierta incapacidad atribuible a la cultura nacionalista para crear instituciones modernas y libres que, en lugar de favorecer el dinamismo social y la captura de rentas fuera de Catalunya, se han dedicado a fortalecer las relaciones internas de los grupos de poder y a poner trabas al dinamismo individual. 

Es indudable, como señala el propio Arruñada, que el asunto merece una investigación más a fondo, pues estamos en un nivel conjetural del que es arriesgado derivar causalidades, pero hay dos hechos innegables. La pérdida de instituciones de autogobierno a partir de 1714 no impidió, sino que más bien permitió, el desarrollo en términos de población y riqueza. Y, segundo, es llamativo que, a partir de 1980, el moderno autogobierno no haya sido capaz de llevar ese crecimiento a cuotas más altas. Por poner un ejemplo, que Catalunya ahora mismo se sitúe en la cola en cuanto desarrollo de energías renovables en España es atribuible a una mala gestión del autogobierno, que se ha utilizado para otras cosas, prioritariamente para políticas divisivas e identitarias. Ahora que el ‘procés’ está ya muerto y enterrado urge una reflexión sobre la calidad de nuestras instituciones autonómicas para que no sean un freno al desarrollo de la sociedad catalana.