Nuestro mundo es el mundo | Artículo de Joan Tapia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Feijóo y la M-30

La asignatura del líder del PP es hacer una derecha tranquila sin morir en las guerras de Madrid

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Leonard Beard

Leonard Beard / Leonard Beard

Los que ‘El Mundo’ describía como “medios jurídicos, políticos y mediáticos” de la capital, que pedían que no se pactara la renovación del Consejo del Poder Judicial (CGPJ) –y que Feijóo escuchó por la reforma del delito de sedición– se creen no solo que son todo Madrid, sino que encarnan a España. Pero no renovar el CGPJ no ayudó a la imagen centrista del líder del PP. Hay una derecha conmocionada porque Sánchez, pese a sus errores, sigue teniendo mayoría parlamentaria. El Gobierno con Podemos es a veces una catástrofe –se ha visto en la ley del 'solo sí es sí'– y sus aliados son muy heteróclitos. Pero este jueves aprobará sus terceros presupuestos.

Feijóo no venció el martes en el Senado porque es imposible ganar en una pregunta de siete minutos a un presidente que es un ágil parlamentario. Pero este absurdo es lo que le exigía la derecha irritada que quería que fuese “implacable” y hasta “bestial”. Parece descabellado, pese a que el director de ‘ABC’, en un más agudo artículo (domingo 20), le advertía que solo ganará las elecciones en España si antes sintoniza con lo que llama “el perímetro de la M-30”, que esperaba una respuesta contundente a la rebaja de la sedición y la malversación. A que Sánchez pegara fuego al Código Penal.

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Feijóo atacó por el impuesto a la banca, la sedición, la malversación, la ley del 'solo sí', Melilla y Marlaska… Demasiados disparos en siete minutos. Quizá menos presionado y centrándose solo en las graves consecuencias de la improvisada ley del 'solo sí', y en las fuertes divisiones que se habían visibilizado en el Gobierno entre el PSOE, Yolanda Díaz y Podemos, hubiera acertado más.

Feijóo descalificó al Gobierno porque esa es la labor de la oposición e hizo algo de caso a la derecha que pedía sangre, pero contrariamente a lo que dijo Sánchez, no está obedeciendo a “la derechona” ni enterrando su primer mensaje tras ser elegido líder del PP: “No he venido para insultar a Sánchez, sino para ganarle”. Y no hace caso a Ayuso, que quería sacar “las masas” a la calle para protestar por la sedición. Solo convocará actos en las autonomías en las que cree que puede dañar a los barones socialistas.

Tampoco se apuntó a la moción de censura como pedían –para que fracasara– C’s y Vox. Sabe que si la pierde (inevitable porque no hay mayoría alternativa) quedaría como Hernández Mancha. No tiene el verbo de Felipe cuando la moción contra Suárez de 1980 ni Cuca Gamarra es el Alfonso Guerra de entonces.

Feijóo –eso sí– aseguró que la moción de censura serán las municipales y autonómicas del 2023. No sé si hacer de estas elecciones un referéndum contra Sánchez es lo conveniente, pero toma nota de que el presidente sacará este jueves los presupuestos del 2023 y que –salvo un gran imprevisto– seguirá en mayo en La Moncloa. Una oposición que quiera ganar no se construye desde la ira, o los deseos, sino escrutando bien la realidad.

Las autonómicas serán clave (no solo las de Madrid) y no será cosa de coser y cantar. Recientes encuestas de ‘El Mundo’ sobre València y Aragón indican que Ximo Puig y Javier Lambán resisten y podrían repetir. Y España –toda Europa– está fatigada por la huella de la crisis del 2008, la gran sacudida del covid a la vida de cada día, y ahora la guerra de Ucrania, la calefacción restringida y el miedo a una recesión de intensidad y duración desconocidas.

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En este marco, subir la crispación no servirá para ganarse la confianza de las mayorías, aunque quizá sí de minorías malhumoradas. Ni el PSOE ni el PP deben transitar por esa vía que solo da votos a Vox. Y quizá a Podemos. Feijóo dijo que el Gobierno está en llamas y lo cierto es que los ciudadanos no quieren un país incendiado. La economía y el IPC contarán más que la sedición, pero eso no pide catastrofismo (tampoco el triunfalismo de Calviño) porque en este momento, como ha escrito José Ramón Iturriaga en ‘ABC’, “las previsiones económicas son una raya en el agua”.

La asignatura de Feijóo será convencer que una derecha tranquila que genere confianza puede ganar en España sin antes ser acribillada por el cogollo de la M-30. Feijóo está solo a la mitad de la cuesta. Y además –al contrario que cuando Aznar o Rajoy–, Vox también existe.