La espiral de la libreta Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

De qué callada manera se despide usted sonriendo

El adiós a Pablo Milanés, el gran trovador del amor y el paso del tiempo

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De qué callada manera se despide usted sonriendo

Llevaba años enfermo del maldito cáncer, no sé cuántas operaciones y se le apreciaba el deterioro físico en las últimas apariciones públicas, pero, al saltar la noticia definitiva, sentí un pellizco, esa inquietud sin nombre que flamea cuando se aleja una parte de ti para siempre, por pequeña que sea. Canciones de adolescencia y juventud, la banda sonora de un tramo. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, pero tal vez los gustos no cambian tanto. No hará ni un mes que me puse un disco de Pablo Milanés en casa, el de los boleros en Tropicana, mientras preparaba una cena para los amigos, “¿cómo te atreves a decir que me olvidasteee?”. Creo que, si estuviera en Madrid, me acercaría hasta la capilla ardiente, hasta el palacio de Linares, la Casa de América, para despedirme de un hombre a quien no conocí pero siento muy próximo. Me acompañó. Le llevaría una flor, una sola, una rosa de mi rosal principal, como en los versos de Nicolás Guillén. Lo suyo no era una voz, sino un torrente, un río caudaloso y limpio, el diapasón del Amazonas entero.

La revolución

Murió Salvador Allende en el palacio de la Moneda, luego llegaron los ‘milicos’ argentinos, se fueron solapando las matanzas centroamericanas, y una era jovencita y entendía sin llegar a comprender del todo que aquellas canciones vertebraban una esperanza, el sentir de todo el subcontinente latinoamericano, cuyas sacudidas llegaban hasta aquí, a la otra orilla, que también ansiaba una vida mejor. “Yo pisaré las calles nuevamente / de lo que fue Santiago ensangrentada / y en una hermosa plaza liberada / me detendré a llorar por los ausentes…”. Pablo Milanés fue hijo de la revolución de 1959, la cantó y la amó, pero también supo distanciarse y criticar la violencia y la falta de libertades en Cuba. No ha sido fácil, no. “¿Dónde están los amigos que tuve ayer? / ¿qué les pasó? / ¿Qué sucedió? / ¿Adónde fueron?”, dice la letra de ‘Éxodo’.

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El amor

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Nadie como él cantó la cubanidad. “Amo esta isla / soy del Caribe”. Nadie como él cantó las puras ganas de vivir. “De qué callada manera / se me adentra usted sonriendo”. Y, por supuesto, el amor y el desamor. Al final de todas las batallas, lo que importa de verdad es eso, el amor dado, recibido, dilapidado, y el tiempo que va quedando. Mientras acabo estas líneas, suena de fondo un dueto con Luis Eduardo Aute, incluido en otro disco impagable de 1985, titulado ‘Querido Pablo’. Cantan los dos como si estuvieran aquí, al otro lado de la mesa: “Al hacer un recuento ya nos vamos / y la vida pasó sin darnos cuenta”.

El tiempo, el implacable, el que pasó. Muchas gracias, Pablo, por tanto.  

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