‘Argentina, 1985’: La heroicidad colectiva
Sobre la película que protagoniza Ricardo Darín en el papel del fiscal Strassera

Fotograma de 'Argentina, 1985' / A Contracorriente Films
—Hay una cosa que a mí no me queda clara -dice la mujer.
—Silvia, por favor… No me pongas de mal humor, dale -replica el hombre.
—Yo no entiendo si vos estás así…
—Silvia.
—…porque tenés miedo de que la "cosa" no se haga.
—¡Por favor, Silvia!
—O porque tenés miedo de que la «cosa» sí se haga […]. Creo que lo que pasa es que estás cagado en las patas.
—Por supuesto que estoy cagado en las patas. ¡Por supuesto!
Esta es una conversación ficticia, basada en hechos reales, que tiene lugar en Buenos Aires, en el salón de un piso de clase media, entre una pareja corriente y moliente. La "cosa" sobre la que discuten podría ser un volantazo profesional, una operación trascendente (financiera o a corazón abierto) o incluso, de una forma algo retorcida, podrían estar abordando la eventualidad de su propio divorcio. Sin embargo, están hablando sobre la inminencia de un juicio, sobre la primera vez en la historia universal en que un tribunal civil condenó a una dictadura militar.
El diálogo pertenece a la película ‘Argentina, 1985’, del director Santiago Mitre, que la plataforma Amazon Prime Video estrenó el viernes por la noche. Me quedé hasta las tantas viéndola. De nuevo, el actor Ricardo Darín lo borda: está espléndido en el papel de Julio César Strassera, el fiscal que se atrevió a exhibir las atrocidades de la dictadura militar argentina (1976–1983) y logró sentar a los tiranos en el banquillo.
La gravitación del mundo
¿Qué hace un hombre normal cuando le cae semejante peso encima? Pues atiborrarse de café, fumar como una rata, escuchar una y otra vez la obertura de ‘Tannhäuser’, de Wagner, y tirar hacia delante, aunque sea cagado de miedo. En poquísimo tiempo, tan solo 17 semanas, Strassera y Luis Moreno Ocampo lograron montar un equipo de gente joven, sin lastres de filiación política, para que los ayudaran a peinar Argentina de cabo a rabo con el fin de recabar testigos contra las juntas militares.
Lo mejor de ‘Argentina, 1985’ es la épica del hombre gris, un funcionario de tribunales, un prócer sin estatua ni caballo de bronce, un héroe a contrapelo que puso el pecho, pero que no sería tan heroico sin su familia, sin esa compañera (la interpreta la actriz Alejandra Flechner) que lo espolea, que lo desafía, que lo acompaña sin ser una mera figurante. Y luego, el coro griego de la sociedad argentina, el consenso democrático que generó el Gobierno de Raúl Alfonsín. En realidad, no es Strassera quien escribe el alegato final, sino una mano colectiva: «El sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica, sino una perversión moral». Una película muy oportuna: volver a hablar de democracia justo ahora, cuando sus valores están amenazados.
Suscríbete para seguir leyendo
- Multas a los propietarios de viviendas con setos o árboles que incumplan estas medidas: lo dice la ley
- El Gobierno plantea que los empleados de baja por cáncer, infarto o ictus puedan volver progresivamente al trabajo
- MAPA | El 'agua invisible' se dispara tras meses de lluvia y recarga los suelos en España
- Las personas mayores de 60 años podrán recibir la pensión de orfandad
- Los empleados deberán asistir a su puesto de trabajo aunque lleven dos meses sin recibir el sueldo
- El antiguo peaje de la Roca se convertirá en un área de servicio con cargadores ultrarrápidos en la AP-7
- Tres acusados de fabricar facturas falsas para González Amador niegan el delito y alegan que todo es nulo por la condena al Fiscal General
- La nueva borrasca Pedro llega a Catalunya: vientos violentos de hasta 120km/h en estas zonas
