Artículo de Eugenio García Gascón Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La guerra de Ucrania y el pulso por el precio del petróleo

Reducir la producción de crudo de manera tan drástica podría beneficiar a Rusia, pero no a Arabia Saudí. Es lo que Washington quiere que Bin Salmán entienda

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Mohammed Bin Salman.

Mohammed Bin Salman.

No es una banalidad reducir la producción de petróleo en dos millones de barriles diarios en un contexto donde la inflación galopa desbocada y amenazan otros fuegos. Pues bien, esa ha sido la decisión que ha adoptado el príncipe saudí Mohamed bin Salmán en colusión con el presidente ruso Vladímir Putin, y es natural que haya levantado ampollas, especialmente en Estados Unidos.

Con un horizonte económico y militar tan delicado, en Washington se califica de verdadera provocación que puede disparar una inflación que ya ha entrado en el área de los dos dígitos e impulsar malestar social por todo Occidente. Tiene un sentido para Moscú, ya que Putin se encuentra en un aprieto y tratará de forzar una crisis en Occidente que anime a Joe Biden a corregir el rumbo y poner fin a la guerra.

En cambio, el sentido que tiene para Arabia Saudí es de otra naturaleza. Distintos vectores empujan a Bin Salmán a entorpecer la labor bélica de Biden, aunque no está nada claro que vaya a salirse con la suya. En primer lugar, Biden impide que el príncipe heredero saudí pueda presentarse ante el concierto de las naciones como un agente importante, a causa de su implicación en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, que el presidente americano no le ha perdonado.

Con la reducción de la producción de crudo, Bin Salmán desea forzar a Biden a establecer una relación bilateral más positiva, pero la medida implica plantear un pulso a la gran superpotencia que trata de mantener en orden la economía mundial en plena guerra.

Este martes, la Casa Blanca ha respondido que estudia la posibilidad de replantear las relaciones con Riad. El mismo Biden ha dicho a la CNN que la decisión saudí acarreará unas “consecuencias” que no ha especificado. Además, hay miembros de los dos grandes partidos, en el Congreso y el Senado, que amenazan con tomar medidas agresivas que podrían acabar de un plumazo con las ambiciosas expectativas del imprudente príncipe.

En el Capitolio hay quien sugiere detener por completo la venta de armas a Arabia Saudí. Eso sería para empezar, es decir para ver si Bin Salmán entra en razón. Si no lo hiciera, podría venir una batería de medidas que forzarían al príncipe a corregir sus pasos o incluso podrían terminar con su carrera política.

Reducir la producción de crudo de manera tan drástica podría beneficiar a Rusia, pero no a Arabia Saudí. Es lo que Washington quiere que Bin Salmán entienda. Si es preciso, Biden echará mano de las reservas estratégicas de petróleo de EEUU para aliviar la escasez. En el Capitolio hay congresistas y senadores de los dos partidos que se la tienen jurada al príncipe desde siempre, y el momento de dar el salto podría haber llegado, ahora que ha cometido un error de bulto.

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En Riad aseguran que el único motivo de la reducción de la producción es económico, es decir que Bin Salmán no quiere que se deprecie el precio del barril, y que detrás no hay una animadversión a Biden. Frente a eso, en Washington argumentan que un aliado como Arabia Saudí, con un régimen dudoso y que se mantiene gracias a la ayuda militar y política de Estados Unidos, no puede dar la espalda a Washington en una crisis como la actual.

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Algunos analistas señalan que el precio del crudo está bastante alto y que Riad está obteniendo pingües beneficios, así que no hay ninguna necesidad urgente para justificar el recorte de la producción. Según este planteamiento, el único motivo del recorte reside tanto en la intención del príncipe heredero de hacer daño a Biden como en la de beneficiar a Putin, porque el presidente demócrata lleva casi dos años en la Casa Blanca y no ha normalizado las relaciones con Bin Salmán ni da muestras de tener esa intención.

Bin Salmán no está para muchas alegrías y lo que parece más probable es que dé marcha atrás. La misma guerra de Yemen, en la que está implicado hasta el cuello, es un asunto que pone a los saudíes al albur de Washington, puesto que casi la totalidad del armamento que utilizan, en ataque y en defensa, es estadounidense o de tecnología americana. El príncipe no está en posición de prescindir de ese material ni tampoco de enfrentarse a Biden, aunque reculando ahora mostraría debilidad.