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Consulta en Junts: necesitan una catarsis

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La presidenta de Junts, Laura Borràs, y el secretario general del partido, Jordi Turull.

La presidenta de Junts, Laura Borràs, y el secretario general del partido, Jordi Turull. / FERRAN NADEU

Una irresponsabilidad tras otra durante años acaba en un gran e inmenso embrollo. La ruptura del gobierno de matriz independentista no por esperada y esperable es menos grave. No se ha hecho por otra cosa que por intereses partidistas. Y no responde a otra lógica que el ajuste de cuentas entre quienes optaron por marcharse de Catalunya y los que tomaron el camino de la cárcel. Una disonancia de tal magnitud es imposible que no deje secuelas que ni siquiera la argamasa de la conservación del poder puede ayudar a superar. A lo hecho, pecho. Y serán los electores los que juzgarán a unos y a otros.

Dentro de la magnitud del desastre, hay que dar a Pere Aragonès la oportunidad que pide. Ha sido investido legítimamente y los mecanismos para sustituirlo si no convoca elecciones son conocidos por todos. ¿Están dispuestos Puigdemont y los suyos a presentar una moción de censura para derrocar al presidente que invistieron? El primer problema que tendrían sería decidir quién sería su candidato alternativo, porque aquí las censuras tienen que ser constructivas.

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Llegados a este punto, los que han salido derrotados en esta pugna interna de Junts tienen en sus manos el futuro de este espacio político. No tienen incentivos para seguir con la deriva de convertirlo en un movimiento político al servicio de Puigdemont. Pero tienen derecho a reivindicar que representan a una franja significativa de la sociedad a la que les deben un proyecto político homologable, y no lo que ha sido Junts hasta ahora. 

Lo que viene va a ser muy duro. Primero, dentro de esa formación política. El desgarro es grande. Y los que se querían ir del Gobierno ahora lo querrán desestabilizar y contraponer su legitimidad a la del Consell per la República de Puigdemont. La parodia puede ser suculenta. Ese espacio político tolera mal estar en al oposición, lo vimos frente a los dos tripartitos de izquierdas, cuando algunas voces dijeron que les habían entrado en “su” casa. La oposición será en el eje independentista y no está claro que Aragonès quiera ni pueda pasar de lleno a la agenda social con otros socios, al menos mientras su partido celebra un congreso y prepara unas elecciones municipales. Acaba una pesadilla, pero la que empieza pueder ser peor mientras no se haga catarsis del 1-O.