Artículo de Josep Maria Fonalleras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

No caer en el descalabro

'Apagón' nos habla en realidad del presente. Nos habla de nosotros mismos, aquí y ahora

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El actor Jesús Carroza en un fotograma de la serie ’Apagón’.

El actor Jesús Carroza en un fotograma de la serie ’Apagón’. / Emilio Pereda / Movistar Plus+

El otro día hablaba de un episodio (el número 5, “Equilibrio”) de la serie 'Apagón' que puede verse en Movistar. Es el último de una historia circular, con variables y ramificaciones, que parte de la base de una carencia crítica, general y continuada, de la energía eléctrica como consecuencia de una tormenta solar que provoca un caos enorme en todo el país. La evolución de los capítulos es interesante (se percibe un trabajo previo y conjunto de los guionistas, que son diferentes, como los directores, en cada entrega) porque va de la estupefacción inicial ante una catástrofe anunciada pero que tiene impensadas desgracias, pasa por la histeria que nace de los recursos limitados, muy limitados, y desemboca en dos visiones que casi podríamos calificar de costumbristas, si bien las costumbres descritas son el producto de una vivencia apocalíptica que, poco a poco, se va convirtiendo en cotidiana. Vivir en el apocalipsis, pues, no como etapa final, sino como agenda del día a día. En estos dos episodios que digo ('Confrontación' y 'Equilibrio', dirigidos, respectivamente por Isa Campo y por Isaki Lacuesta, con guiones de la propia Campo y de Fran Araújo), se concentra la reflexión más potente de esta ficción. La convivencia.

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Solemos identificar el futuro distópico con la soledad o con una lucha sin cuartel. Difícilmente vemos reflejada la vida normal. Todo lo que ocurre cuando el colapso ya se ha instalado entre nosotros y nos toca convivir con él. La comunidad entendida como círculo cerrado de defensa (anquilosada, rancia, sin esperanza) ante los embates del exterior hostil, pero vital, aún con un vaho que se afana por sobrevivir. O la comunidad percibida como solidaridad, como una hipótesis de entendimiento que reúne a los viejos fantasmas en torno a un hogar y que trata de ahuyentarlos con el exorcismo de la necesidad, también, de sobrevivir. Como ocurre siempre con las visiones de futuro que van más allá de los efectos especiales, este 'Apagón' nos habla en realidad del presente. Nos habla de nosotros mismos, aquí y ahora. No tenemos sino la opción de encastillarnos o de hacer como pedía Joan Vinyoli: “Ayudémonos los unos a los otros, con paciencia, buen vino, moderación. Para no caer en el descalabro”.