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Messi: difícil salida, difícil retorno

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Messi, en el duelo de Champions del PSG contra el Madrid en el Bernabéu

Messi, en el duelo de Champions del PSG contra el Madrid en el Bernabéu / Efe

A Joan Laporta se le ha escuchado decir que su padre era de Kubala, él de Cruyff y sus hijos, de Messi. Los componentes sentimentales aparecen a menudo en el discurso del presidente y se las va apañando, pese al poblado cinismo del entorno barcelonista, para que no suenen terriblemente almibarados. Entra en ese terreno emocional su publicitado deseo de que Messi pueda volver al Barça. Por sus hijos, por él mismo (su tormentosa marcha aún le escuece) y por todo el barcelonismo, necesitado de otro final. Si fuera cine, el presente no gusta a la audiencia. 

No volvería Messi a recoger los aplausos de un partido de homenaje, ni a asumir un cargo a pie de campo o de oficinas (aún no), sino con la camiseta puesta, a las órdenes de Xavi, al menos una temporada, que reciba el calor de los culés partido tras partido, aunque sea en Montuïc y no el Camp Nou. Un cierre apoteósico, apropiado para una serie de Netflix o HBO. Ese es el propósito. Pero en este caso, ni la reconciliación personal (se da por descontada la habilidad de Laporta para tender los puentes rotos) ni la buena voluntad de ambas partes bastarán. De momento, si han habido contactos, nadie aún lo puede decir. Hasta enero.

Contratos mastodónticos

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El obstáculo económico prevalece. El Barça podría permitirse una ficha importante (menos que antes, obviamente), pero sigue tropezando con el límite salarial. Es el agujero que cuesta de tapar mientras estén en vigor los mastodónticos contratos firmados por Bartomeu el día antes de dimitir a varios jugadores para mitigar la sangría de la pandemia. No importa la cantidad a la baja que el Barça y Messi pudiesen pactar por un sentido romántico. En el terreno del límite salarial, La Liga adjudicaría una cifra que tuviera sentido económico, según su propio criterio. ¿Una ficha de cinco, diez millones? No se la creería. Eso en un club que debe rebajar sueldos por 120 millones.

Las consideraciones futbolísticas, también complejas, vendrían después. ¿Estaría Xavi dispuesto a encajar a Messi en un equipo casi hecho? Porque para sentarle en el banquillo como Piqué y agrietar la relación personal, como parece que le sucede ahora con Alba, mejor ahorrarse esfuerzos, ¿no?