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La selección femenina: una revuelta mal explicada

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El seleccionador femenino, Jorge Vilda, en rueda de prensa

El seleccionador femenino, Jorge Vilda, en rueda de prensa / Efe

Las jugadoras del Barcelona lideran la rebelión de las futbolistas de la selección española contra Jorge Vilda. Las jugadoras del Barcelona tienen experiencia en este tipo de acciones. Lluis Cortés ya fue defenestrado tras otra revuelta. No es una crítica; es una constatación. Eso es raro de ver en el primer equipo masculino o en la propia selección. Eso pesa en la imagen de las futbolistas en estas primeras horas de la guerra abierta entre ellas y Federación.  

Las 15 rebeldes exponen en su nota, reforzado con otra de este viernes, un desacuerdo puramente deportivo. Dicen que están a disgusto con los métodos de entrenamientos y el criterio futbolístico del seleccionador y quieren a otro para explotar el rendimiento de un grupo “que debe aspirar a ganar títulos”, subrayan.

La protesta es demasiado estruendosa (hasta la CNN y el New York Times se han hecho eco mientras se escriben estas líneas) para desatarla de una forma que deja margen a equívocos tan propios aún del fútbol femenino. Fue la misma Federación la que hizo público el malestar apenas tres horas después de recibir las notificaciones de renuncia, en una maniobra comunicativa de manual de cómo dar la vuelta y reconducir una situación adversa. 

Solo una salida

Las explicaciones que se exponen en la misiva pactada entre las 15 futbolistas no componen una causa que conmueva. Por eso, cuesta creer que no haya más motivos. Quizá se trata de una sospecha injusta y, de verdad, toda esta crisis se sustenta en una desconfianza insoportable hacia las capacidades del seleccionador. Pero ahí radica el problema. Estas futbolistas se juegan demasiado, nada menos que su participación en el próximo Mundial, para exponerse a un pulso mal planificado. Ya son profesionales, pero aquí se han comportado como unas novatas frente a una Federación que es un mundo de lobos.

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La Federación les ha robado la iniciativa. Ahora les toca a ellas explicarse bastante mejor que lo leído en la carta y bastante mejor que en la rueda de prensa de hace unas semanas en que, más que una protesta, pareció una capitulación. Con sus notas de este viernes han elevado el grito de guerra. Es un principio para recuperar el hilo de una causa en la que topan contra un Luis Rubiales, el presidente de la Federación, que hace bandera de la lealtad hacia los suyos, se llame Luis Enrique, un seleccionador de talla mundial, o se llame Jorge Vilda, de credenciales justitas. 

Lo lógico sería que esto acabara en una improbable dimisión, porque la continuidad de Vilda enoja a las futbolistas que pueden ganar un Mundial y deja en mal lugar a la Federación y su compromiso con la ambición de la selección femenina. A nadie le entraría en la cabeza que Rubiales mantuviera en el cargo a Luis Enrique durante siete años sin resultados. Eso está sucediendo con un técnico sin un mínimo palmarés que le preceda. Quizá así se entiende mejor lo que tratan de explicar las jugadoras.