Nuestro mundo es el mundo | Por Joan Tapia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La rebelión del monaguillo

García-Page descalifica las alianzas de Pedro Sánchez y las críticas de insolvente al líder del PP

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La rebelión del monaguillo

Leonard Beard

Hasta el lunes entre los actuales jefes del PSOE, no los del pasado, el liderazgo de Pedro Sánchez, desde que ganó la moción de censura a Rajoy y dos elecciones generales en 2019, fue muy poco discutido.

El propio Emiliano García-Page, que en las primarias del PSOE votó a Susana Díaz y que ha sido presidente de Castilla-La Mancha dos legislaturas (la primera con apoyo de Podemos), dijo en julio: “en el PSOE hay un líder para toda España, el resto solo somos monaguillos”. Luego: “tenemos la unanimidad perfecta, la de uno”.

Pero este mismo García-Page, que el pasado jueves en Toledo y el sábado en Zaragoza aplaudió a Sánchez, rompió esquemas el lunes al contradecir al presidente, en declaraciones a 'El Mundo', en tres asuntos clave. Una, el Gobierno tiene “malas compañías”. El problema no es acabar la legislatura… Si seguimos así es evidente que va a haber un castigo… Cuando se fue Pablo Iglesias reconoció que concentraba mucho rechazo social y la nube del rechazo no se ha diluido. Yo no tuve más remedio que pactar con Podemos (en el 2015), pero les dejé claro desde el primer día que mi objetivo era ganarles y echarles, añadió... Si las peleas internas en el Gobierno son cotidianas y el permanente debate con el socio minoritario no genera certidumbre es negativo.

La segunda crítica es la dependencia parlamentaria de ERC y Bildu “que llevan en su código político la voluntad de desestabilizar al Estado, de atacarlo o incluso de romperlo… ERC tiene derecho a reclamar la independencia, pero me preocupa que utilice el poder institucional para subvertir la Constitución”

La tercera, quizás la más relevante en este momento: “Hay una agenda de Estado que sobrepasa una legislatura que se tiene que pactar entre los dos grandes partidos que apuestan por la estabilidad constitucional”. Luego, “yo de Feijóo… tengo un buen concepto… no comparto ni me identifico con ese apelativo de insolvente, ni creo que sea acertado… Tendremos que acabar con la eterna tendencia al frentismo. La gente está de acuerdo en unas cosas con el PP y en otras con el PSOE. No hay que tener militancia fanática. Las próximas elecciones las ganará el que menos baje al barro”.

Caramba, ¿por qué García-Page aplaude a Sánchez unos días y el lunes le lanza una enmienda a la totalidad? Gente que le conoce bien dice que es un político correoso (ocho años alcalde de Toledo y presidente autonómico desde 2015) que conoce bien su tierra. No da puntada sin hilo y ahora su único objetivo es ser reelegido presidente en mayo para lo que precisa mayoría absoluta. Y sabe que en Castilla-La Mancha, Podemos pinta poco, y los independentistas gustan menos. No quiere quedar atrapado en los pactos de Sánchez. Su gran batalla es lograr el máximo del voto moderado, una parte del cual votó a Pepe Bono y José María Barreda (dos expresidentes socialistas) y luego a Dolores de Cospedal. Y además cree que el Gobierno Frankenstein, aunque quizás fue necesario, no podrá repetirse. 

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No busca romper con Sánchez, ni menos con el PSOE, pero si tomar distancias y cree que el presidente tendrá que tragar. También necesita conservar Castilla-La Mancha. Cree que Sánchez es querido entre los militantes, pero que ha perdido muchas plumas en el electorado manchego. Que tiene menos tirón que él. 

Un exdirigente reflexiona: “Quizás pensó que se comprometió demasiado con Sánchez el jueves y el sábado y que debía compensarlo”. Pero, ¿destrozando tanto el discurso del Gobierno? “Bueno, tiene su objetivo, ser reelegido sea como sea, pero le falta fineza, es más tosco que Bono”.

La explicación es racional, pero cuando se inicia una rebelión nunca se sabe el final. Y hay otros presidentes autonómicos que pueden pensar lo mismo. No les conviene ser asociados ni con Podemos ni con Bildu… y quizás tampoco demasiado con Sánchez.

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Pero lo más enigmático de la entrevista es el final, cuando preguntado sobre qué pasará en el PSOE dice: “No puede haber otro 1 de octubre de 2016 (el comité federal que perdió Sánchez y partió al PSOE en dos). Las cosas no pueden llegar otra vez a ese punto”.

¿Quiere al final, y pese a todo, cerrar filas con Sánchez, o preferiría su dimisión? Quizás todo dependa del resultado de las autonómicas y municipales de mayo.