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Alcarràs, metáfora de Europa

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Carla Simón.

Carla Simón. / JOSEP LAGO / AFP

Una película rodada en catalán con un Oso de Oro en su haber será la candidata de la Academia del Cine Español para los Oscar. Un golpe duro al terraplanismo de una y otra ribera del Ebro. 'Alcarràs' trata de un tema hoy universal: la presión que sufre el mundo rural para abandonar su actual modo de vida. Una presión silenciada y silenciosa. El discurso oficial sostiene que hay que preservar el medio rural, entre otras cosas, para preservar el medio ambiente. Pero la realidad es que los precios de los productos agrícolas decrecen a un ritmo inversamente proporcional al incremento de los precios de esos mismos productos una vez envasados. Mientras, los servicios -públicos y privados- no están a la altura. A determinados rincones no llegan ni la fibra óptica, ni Amazon ni Cabify. Ni los bancos ni la educación o la sanidad públicas. Es un territorio solo apto para gente que no quiere vivir como manda el sistema. Es la Europa, la España y la Catalunya vaciada.

Que 'Alcarràs' sea una película es un milagro similar a que en aquella población siga viviendo gente. El cine, como otras manifestaciones culturales, sufrió antes el impacto de la globalización que ahora padecen los agricultores, los taxistas, los comerciantes y los repartidores de pizzas. Demasiadas veces hemos afrontado de manera errónea el combate contra esa forma de globalización. El cine de Hollywood ha vivido, hasta la llegada de Netflix, de prácticas oligopólicas basadas en la restricción de la competencia en nombre del libre comercio. La sala de exhibición que quería distribuir un gran éxito norteamericano se veía forzada a comprar también todas las películas de serie B necesarias para que las productoras pudieran sufragar esos grandes 'hits'. Mientras, el cine europeo quedaba fuera del circuito. 'Alcarràs' se ha hecho con actores voluntarios. Pero tiene chispa, cuenta una historia que conecta. Y la mezcla del empuje de los jóvenes cineastas surgidos de las universidades catalanas con la auténtica libre competencia de las plataformas de 'streaming' ha hecho que llegue a las puertas de los Oscar tras triunfar en Berlín. El capitalismo no se salva a la francesa. Se salva profundizando en sus principios. Y haciéndolo sostenible. O sea, inclusivo. Con los agricultores y con los cineastas.