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La dicotomía de Xavi

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 Xavi da instrucciones desde la banda

 Xavi da instrucciones desde la banda / JORDI COTRINA

La dirección deportiva del Barça ha salido victoriosa cuando ha acudido al mercado a comprar. Ha sabido seducir a los jugadores, ha complacido a sus agentes (buenos colegas del presidente en algunos casos) y ha persuadido con dinero abundante a los clubs vendedores. A la hora de aligerar la plantilla propia, en cambio, toca esconder los laureles. Empujar a irse no es tan bonito, ni fácil. A Barcelona y sus playas, los futbolistas y sus familias se adaptan rápido. 

No siempre cabe atribuir a salarios desorbitados su resistencia a salir. No los tienen Braithwaite o Dest y aquí siguen, pese a ser culo de grada. En consecuencia, la caja por ingresos de ventas resulta insignificante a estas alturas. Ni siquiera Memphis, delantero titular de Países Bajos y decantado hacia la Juve, parece que dejará unos billetes si se consuma su marcha. A ver qué pasa con los demás hasta el 31 de agosto. La prioridad, ya lo sabemos, es reducir la masa salarial, pero choca esta baja productividad económica en las salidas. 

Frenkie de Jong, presionado lo indecible con escaso decoro, es el centrocampista más en forma por lo poco que hemos visto hasta la fecha y tampoco le apetece irse. Tal y como está el Manchester United, una piltrafa de equipo, cuesta reprocharle que no le emocione mudarse a Old Trafford.

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En cualquier caso, Xavi tendrá ante sí el próximo fin de semana ante la Real Sociedad la dicotomía de actuar como entrenador o bien como hombre de club. Sin Busquets, sancionado, ¿sentará al holandés y pondrá a Pjanic en su lugar? ¿Le hará como a Dembélé, ponerle en barbecho? Pinta a partido correoso, así que cuesta imaginar que Xavi, después del decepcionante estreno, se ate de manos, por mucho que, insaciable en sus pretensiones, prefiera al carísimo Bernardo Silva antes que De Jong

Xavi, que explica el fútbol con elocuencia, tiene prisa por empezar a ganar. Laporta, que no ha venido a este mundo a sufrir, aún más. Dispone ya de futbolistas para hacerlo. Le falta encontrar el clic, como sucede en los equipos equilibrados y bien distribuidos. Falta ver si se produce con el talento de De Jong o sin él.